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viernes, 13 de noviembre de 2020

Se denigra el “desarrollo humano sostenible”[1], pero es la única solución al deterioro ambiental global

 José Ramón Mendoza

“… nadie razonable puede seguir pensando hoy que la salida político-ecológica es la que decía Marx, esperar al inevitable desastre ecológico que va a producir el capitalismo, porque han pasado demasiados años y el mal es demasiado grave. No hay más remedio que actuar ya mismo, como se está actuando”.

Manuel Sacristán Luzón.

Tradición marxista y nuevos problemas.

Ya nadie duda que el rápido y reciente deterioro global de los ecosistemas es consecuencia directa de la acción humana y cada vez mayor número de personas consciente de que el principal responsable de la destrucción es el actual sistema de producción capitalista, al que se ha sumado China, y que para funcionar necesita crecer indefinidamente en un marco físico que, sin embargo es finito. Esta responsabilidad se puede ver claramente a partir del cálculo de la huella ecológica, y esta muestra que una parte muy pequeña de la población mundial que vive en unas pocas naciones "se come el mundo", consume y gasta lo que es de todos.

La situación es preocupante y compleja. Pero ¿por qué si la situación es tan grave y crítica, una parte importante de la población permanece tranquila, sin reaccionar, sin buscar o exigir medidas radicales que conduzcan a eludir ese negro  e incierto futuro al que nos aboca este modelo? La respuesta, o las respuestas hay que buscarlas en los aspectos que provocan esta pasividad y de los que, entre otros podemos señalar la, hasta ahora, falta de percepción social de la gravedad de la crisis y que los comportamientos y las medidas y propuestas políticas ecológicas y sociales de desarrollo humano sostenible, son percibidas por muchas personas como atrasadas, ineficaces o incómodas.

Empezando por esto último, las propuestas de desarrollo humano sostenible son presentadas por el capital sus representantes políticos y voceros mediáticos como atrasadas e ineficaces, así como que la economía basada en ellas nos lleva a la pobreza y ello, aunque casi todas las personas en las sociedades ricas aspiran a jubilarse y vivir en un lugar más pequeño, de forma más sencilla, la propaganda del sistema presenta la autosuficiencia y la ausencia de tecnología occidental como una desgracia.

El modelo de desarrollo, aún el denominado sostenible, basado en la economía de mercado, considera que las personas son pobres si comen cereales producidos localmente por las mujeres, en lugar de comida basura procesada, transformada y distribuida por las multinacionales del sistema agroindustrial. Se considera pobreza a vivir en casas fabricadas por uno mismo con materiales ecológicos en lugar de hacerlo en casas de cemento y PVC promovidas por las inmobiliarias.

Pero es que además, no es cierto que en las sociedades occidentales cada vez se viva mejor y seamos más ricos. Hemos aumentado la pobreza ambiental y social que se ha puesto de forma trágica más aún en estos momentos de pandemia. Vivimos en un entorno más contaminado, respiramos un aire más sucio, comemos alimentos regados con aguas contaminadas, abonados con productos químicos, producidos por animales enfermos y torturados, no tenemos tiempo para dedicar a las personas que queremos, trabajamos en cosas que no nos gustan, viajamos cada día mucho tiempo para llegar a nuestro trabajo, nos vemos obligados a pagar hasta para que los niños jueguen y la mayor parte de la población vive endeudada con los bancos.

En esta situación, hay ya que decir claramente que el camino hacia la verdadera sostenibilidad implica librarse de un modelo de desarrollo que lleva a la destrucción, así como que la autolimitación individual y colectiva es condición imprescindible para un desarrollo humano sostenible. El uso prudente de los recursos naturales, la recuperación de los valores de la austeridad a la hora de consumir y el poner en valor la cultura que valora aquello que dura y permanece, frente a la que enaltece lo que se desecha y cambia, son tareas pendientes de una sociedad que quiera, no sólo minimizar los impactos de la crisis ambiental, sino sobre todo superarla.

Y una reflexión final. La auténtica sostenibilidad se basa en un modelo de cercanía, en el que el transporte sea mínimo y los productos y recursos que se utilicen sean producidos en lugares lo más cercano posible. Hay que tener la decisión de no ponerse colorado por expresarse en términos utópicos tales como que mientras que el modelo de territorio que impone el capitalismo inmobiliario y constructor obligue a tener coche propio, aunque sea eléctrico, híbrido o similar, y al mismo tiempo la gente siga pensando que tener un automóvil es fundamental, seremos incapaces de construir una sociedad basada en la sostenibilidad, una sociedad no opresora y no destructora de la naturaleza.

 

Noviembre 2020

 

 

 



[1] Desarrollo humano sostenible tiene más que ver con la redistribución que con el crecimiento y significa reconducir la actual situación hacia una nueva lógica que no olvide a los desheredados de la Tierra, ni a las generaciones futuras. Significa poner en cuestión el modelo de crecimiento y exigir una radical redistribución y reducción de los recursos utilizados por una minoría rica y despilfarradora, mientras que el término “Desarrollo Sostenible” no pone en cuestión el modelo de crecimiento actual.

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