El
actual Gobierno municipal de Conil,
encabezado por AxSi y con la participación de
PP y SC, para que la “Vía Verde” no salga
adelante, ha pedido a la Junta la paralización de las obras, ya adjudicadas a
una empresa, y lo ha dejado bien claro: si
no es de doble vía no se hace. Opción que, además de estar supeditada a su
aprobación, no sólo sería desvirtuar un proyecto de sostenibilidad ambiental
pensado para los vecinos, sino también perder un millón doscientos mil euros
financiados en su totalidad por fondos europeos.
El proyecto de “Vía
Verde” presentado por el anterior equipo de gobierno de Izquierda Unida para el
vial urbano que une la glorieta de El Punto con la de Blas Infante; transformaría
una vía pública en la que la que el tráfico rodado tiene preferencia sobre el
peatón, en una en la que, el vecino, las bicis,
las sillas de los niños o los carritos de la compra puedan circular sin
estar pendientes del tráfico rodado, con bancos para descansar, en una vía con
arbolado en lugar de asfalto. Proyecto también conllevaba saneamiento, conexiones
de agua y electricidad y valorado el 1.200.000 € que serían aportados en su
totalidad por fondos europeos que se perderían por cumplir compromisos
adquiridos e intereses particulares al parecer inconfesables.
La
importancia de una “Vía Verde” para Conil
La calle “La Rosa de
los Vientos” debe ser una arteria ganada al automóvil en beneficio del peatón,
el comercio, la hostelería y el Medio Ambiente. Pero no sólo eso, debe ser la
primera de otras vías conileñas que hagan de nuestro pueblo una localidad más
habitable.

En la anterior
legislatura el Ayuntamiento de Izquierda Unida presentó un proyecto de recuperación
para los vecinos de una vía de nuestra localidad el pueblo haciendo realidad
que Conil sea una fábrica de “Bien
Común”. Se trataba, ni más ni menos que convertir desde “El Punto” hasta la
glorieta de Blas Infante las calles de Antonio Ligero y Rosa de los Vientos, ésta
última un vial de intenso tráfico, aceras muchas veces estrechas y sin apenas
arbolado, en una “Arteria Verde” urbana que, según el proyecto presentado y
debatido en los actos de participación pública
(ver https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=YnLkMWXO2F8)
con vecinos, comerciante y hosteleros, producirá claros beneficios ambientales,
de movilidad, así como para vecinos y comerciantes.
El proyecto era y debe
seguir siendo una infraestructura verde concebida como un conjunto de
espacios y elementos que mejoran la capacidad de adaptación frente a un agente
perturbador o un estado o situación adversos como es el cambio climático, que contribuye
a la conservación de la biodiversidad, actuaciones que beneficiarían a la
población mediante la mejora de los servicios de los ecosistemas y así debería
ser si el actual gobierno municipal no antepone los compromisos adquiridos y
los intereses particulares y equivocados de unos pocos a los indudables
beneficios para los vecinos de la vía y barrios colindantes y quienes,
conileños o visitantes circulen por ella.
Mejora
del Medio Ambiente y la movilidad
Los beneficios
ambientales del proyecto saltan a la vista: una calle sin un solo árbol a
excepción de los existentes entre El Punto y el cruce con la calle Laguna, es
una aportación importante para la mejora ambiental de la zona. Los árboles dan
sombra por lo que crean frescor, favorecen la lucha contra el cambio climático
al ser sumideros de anhídrido carbónico (CO2) y al mismo tiempo
generadores de oxígeno.
Por otra parte, la
limitación del tráfico que se desarrollaría en un solo sentido, como se ha
hecho en la calle Laguna, producirá en toda la zona un reducción de la
contaminación tanto por disminución de la emisión de partículas contaminantes,
como por un menor emisión de CO2, gas que es una de las causas
principales del cambio climático, y ambas emitidas por los vehículos de motor
de combustión interna.
Al mismo tiempo la
implantación de vegetación en el trazado correspondiente a Rosa de Los Vientos
traerá un aumento de la captura de carbono, mejorando la calidad del aire,
mitigando el efecto isla del calor urbano y crear hábitats adicionales para la
vida silvestre y espacios recreativos. Los espacios y elementos verdes
que se crearían regularían la temperatura y la humedad, producirán oxígeno y
filtrarán la radiación y amortiguarán los ruidos.
Se favorecería así
algo que la mayoría de la gente considera positivo en la lucha contra el cambio
climático, y es que si tenemos que desplazarnos hagámoslo andando o en bici.
El
comercio y la hostelería
Es comprensible la
preocupación de comerciantes y hosteleros por los perjuicios temporales que les
acarrearán unas obras que, por su importancia durarían inevitablemente varios
meses, así como por su preocupación por las plazas de aparcamiento que
desaparecerán que, hay que reconocer son escasas, o por los cambios que habrá
en los mecanismos de carga y descarga, soluciones a ambos puntos que ya fueron
planteadas en las jornadas participativas.
Cuando esto se ha
planteado en distintas localidades, las protestas de comerciantes y hosteleros
siempre han coincidido: no hay donde aparcar y haber menos espacio para la
circulación de automóviles, “los clientes no vienen”, etc.
Sin embargo, estos
colectivos, deben reconocer lo positivo de las experiencias que para el
comercio y la hostelería ha traído tanto la peatonalización en sus distintas
modalidades, como la ampliación -en este caso la importante de las áreas
peatonales- con eliminación de plazas de aparcamiento y limitación de
circulación en otras ciudades y localidades. Los ejemplos son múltiples:
Pontevedra (todo el centro urbano), Vitoria (anillo verde), Valencia (política paisajista), Barcelona, Madrid, Santander (anillo
verde de la bahía), Zaragoza (LIFE natural)
Donde se ha procedido
a transformar una vía pensada para la circulación a motor, en un eje de
preferencia peatonal, con aceras amplias, nada más concluir las obras esos
colectivos han terminado reconociendo que esas transformaciones les han
favorecido. Las aceras amplias permiten la circulación tranquila de peatones,
lo que favorece que estos puedan prestar más atención a los escaparates;
asimismo la hostelería sale beneficiada ya que no solamente se favorece el
acceso a los locales al hacerlos más visibles, sino también porque puede
ampliar sus terrazas ¿soñarían los hosteleros de la calle Laguna, que hay que
reconocer que han sufrido mucho por el retraso de las obras, con el número de
mesas y unas terraza de la envergadura que ahora tienen?
Y si a esto le unimos
la actuación que se está llevando a cabo en el Mercado de Abastos, creando en
su planta superior un “Espacio Gastronómico”, la futura Arteria Verde de la
Rosa de Los Vientos se convertirá en un verdadera Centro Comercial Abierto al
que potenciará la posibilidad de pasear cómodamente por él, con menos ruidos y
humos.
Recuperar
espacio para los vecinos
Son los vecinos y
vecinas de Conil quienes sobre todos recuperan su ciudad frente a los
automóviles y, muy especialmente los que habitan los barrios adyacentes como
los de Las Virtudes y La Bodega. Sí antes les separaba una vía pensada para la
circulación motorizada, ahora les unirá un paseo en el que el automóvil no
dominará el espacio y tendrá que circular lentamente; una vía en la que el
peatón y la bici tienen la preferencia, que permitirá realmente la movilidad
peatonal, lo que hasta ahora era una misión en algunos casos podría definirse
más que complicada, teniendo en algunos casos que salir a la calzada para poder
seguir avanzando con el riesgo que eso conlleva para algunas personas.
En la “Arteria Verde”
de la Rosa de los Vientos, así como en el nuevo espacio de la calle Laguna los
carritos de la compra, las sillitas de los niños, las sillas de ruedas y las
personas con dificultades de movilidad, e incluso sin ellas, podrán transitar
con seguridad por aceras amplias, alejados de los vehículos a motor y de sus
gases.
Convivencia
ciudadana
Uno de los factores
que hacen que una ciudad sea habitable es la de que exista una convivencia
real, algo imposible en localidades donde el automóvil es el amo, donde los
viales están diseñados para su circulación y estacionamiento como ocurre en la
actual Rosa de los Vientos. Recuperar gran parte de ese espacio tal como está
diseñado en el proyecto que se conoce no sólo lo recupera para ir por él
andando o en bici; llevarlo a cabo supondría que en esta vía pública sea más
fácil la convivencia entre vecinos; un paso más para hacer de Conil una ciudad aún
más habitable.
No cabe duda que ello
tendrá un coste temporal para los vecinos y transeúntes, no sólo para los
comerciantes y hosteleros. Serán meses de incomodidades, de dificultades para
transitar, de aceras levantadas, de ruidos por las obras, etc. Pero el
resultado hará que sufrir esos trances merezca la pena.
Salud
Entre los servicios
para la salud que prestaría nuestra Arteria Verde podemos señalar: la
regulación y el control de temperatura, la captación de sustancias
contaminantes y los de tipo cultural como es la mejora de la cohesión social y
la interacción entre residentes.
Muchos de ellos
influyen directamente en la salud de los ciudadanos y otros aportan beneficios
menos tangibles como la propia interacción social o la restauración
En resumen, la
transformación del espacio que comprenderá la “Arteria Verde” de Rosa de los
Vientos y la reformada calle Laguna contribuirá a la mejora del Medio Ambiente,
a una mayor posibilidad de negocio para el comercio y la hostelería locales; y
muy especialmente a la calidad de vida
de los vecinos que así recuperan su derecho su ciudad, reinventando ésta
conforme a las necesidades colectivas.
El
doble sentido no es la solución
Mantener la doble
circulación en Rosa de los Vientos, tal como equivocadamente piden algunos
empresarios de la zona supondría que las emisiones de gases, tanto
contaminantes, como de efecto invernadero emitidas por los vehículos no
disminuirían con lo que poco se contribuiría a colaborar en la lucha contra el
cambio climático.
Doble circulación
supone menos superficie de acera para peatones, problemas para la circulación
en bici, así como menos lugares para el encuentro entre los vecinos, menos
arbolado lo que conlleva menos captación de CO2 y menos emisiones de
oxigeno generada por los árboles.
En definitiva, el eje
“Punto-Glorieta de Blas Infante” seguiría siendo un vial para automóviles y no
una “Vía Verde” ya que no supondría ni una mejora ambiental del entorno, ni de la
salud del vecindario y de la movilidad y accesibilidad que debe cumplir una Vía
Verde digna de tal nombre y sería poco menos que tirar a la basura el millón
doscientos mil euros en que está valorado el proyecto original y todo ello para
satisfacer intereses y cumplir con compromisos adquiridos no con el vecindario,
sino con unos pocos.
José
Ramón Mendoza