paz en la vida de las mujeres. Una vida libre de violencias machistas para todas.
Las mujeres estamos en el punto de mira de la alianza
criminal del patriarcado y el capital por nuestras reivindicaciones y el modelo
de sociedad al que aspiramos. Un modelo que sitúa la vida en el centro, que
confronta con el rol de la mujer y la familia patriarcal que defienden la
extrema derecha y el fascismo.
Por ello, hay quienes niegan la existencia de la
violencia de género a pesar de los datos.
1.167 mujeres han sido asesinadas desde 2003, fecha en la
que comenzaron a ser contabilizados los asesinatos de mujeres por su pareja o
ex-pareja, que ya son 38 en lo que llevamos de año de un total de 76
feminicidios.
Casos activos por
violencia de género a 31 de agosto: 74.488, un 10,96% más que en 2021.
Mujeres con
protección policial por riesgo de violencia machista: 42.657, un 17,84% más.
Llamadas al 016 en
agosto de 2022: 10.415, un 33,83% más.
Usuarias activas
el servicio telefónico de atención y protección para víctimas de violencia de
género (Atempro) a 31 de agosto: 17.281.
Casos de menores
activos con el sistema de seguimiento de violencia de género: 5.691.
Menores en
situación de orfandad 24 durante 2021 y 361 desde 2013 fecha en la que se
incluye el dato como violencia de género.
Que no te engañen: la violencia tiene género.
La trata, la prostitución, la pornografía, la explotación reproductiva, la ablación y los matrimonios forzados existen y en situaciones de violencias aumentan: la guerra, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social son sus grandes aliados.
La violencia obstétrica también existe. Una violencia que
en España la perciben hasta un 67,4% de las mujeres según un estudio
transversal de 2019.
La justicia patriarcal sigue cuestionando y
criminalizando a las mujeres. Lo vemos en los casos de María Salmerón y Juana
Rivas, condenadas por proteger a sus hijos e hijas de maltratadores, cuando 47
niños y niñas han sido asesinados por sus padres en venganza y el 44% de los
asesinatos de violencia vicaria se produjeron durante el régimen de visitas al
padre biológico, según la Asociación de Mujeres Psicología Feminista.
No es casual que el patriarcado se rebele contra el feminismo
y ejerza otra forma de violencia machista: negarla. Porque con la “Ley del
aborto” el patriarcado no tiene control de nuestros cuerpos y nuestras vidas;
porque con “la Ley del Solo Sí es Sí” se reconocen las violencias sexuales y se
deja de cuestionar a las mujeres; porque con la Ley LGTBI se respeta nuestra
orientación sexual y nuestra autodeterminación; porque con el “Plan camino” y
la Ley de Trata se abre la vía para acabar con otras violencias como la trata y
la prostitución, porque con medidas feministas el patriarcado se tambalea. Pero
para que caiga es imprescindible que las políticas feministas impregnen todo el
aparato de estado y que quienes apliquen
las leyes se hayan formado de manera obligatoria en feminismo.
El patriarcado se rebela y reinventa nuevas formas de
violencia como el acoso sexual y por razón de sexo en los centros de trabajo,
los pinchazos nocturnos, la introducción de burundanga en las bebidas para
llevar a cabo agresiones sexuales. Las violaciones en manada o incluso la nueva
moda de rechazar a las mujeres que quieren sexo con preservativo.
