8 de Marzo de 2022.
Día
Internacional de las Mujeres Trabajadoras
Este 8 de marzo 2022, Día Internacional
de las Mujeres Trabajadoras, saludamos las luchas históricas de las mujeres
organizadas en los campos y las ciudades, por derechos y vida digna; quienes
alimentan los pueblos, la memoria colectiva y las resistencias en todo el
mundo.
En
un escenario de brutal violencia y explotación capitalista, patriarcal y
racista que oprime a las mujeres, campesinas, sin tierras, migrantes,
temporeras, a la niñez, indígenas, negras y diversidades, llamamos a la unidad
de acción, visibilizando y denunciando a este sistema político y económico que
utiliza la explotación de la fuerza de trabajo de las mujeres, de sus cuerpos
y de los bienes naturales para generar
más lucro; causando desempleo, hambre,
mendicidad, vivienda cada vez más precarizada, y donde la salud y
la educación han pasado a ser un privilegio.
La
grave crisis política, económica y social que atravesamos como sociedad
intensifica las contradicciones del sistema capitalista, y amenaza las
condiciones reales de vida y sobrevivencia, no solo de las mujeres y
diversidades, sino de toda la humanidad y del planeta.
En
esta jornada también reivindicamos las movilizaciones y resistencias
permanentes de las mujeres en todos los territorios, en especial en Palestina, Brasil,
Marruecos, Kurdistán, México, Colombia, India y Argentina, defensoras de
derechos, que cotidianamente enfrentan todo tipo de violencias, criminalización
y persecución, que atenta contra su
propia vida.
“Nos
unimos en una solo voz para decir: ¡basta al sistema político, económico y
judicial cómplice!, mientras seguimos sembrando la Soberanía Alimentaria y la
solidaridad en contextos de guerras, de conservadurismos y racismos,
continuamos con la donación de toneladas de alimentos sanos, donación de sangre, con ollas comunitarias en
barrios y comunidades, con escuelas populares,
con acciones simbólicas en las plazas, en las Ferias Agroecológicas
Locales, en la Cooperativa Campesina, acciones concretas que nos inspiran a
transitar hacia otras formas de sociedad más solidarias y justas”, señala María
Canil de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala ( CONAVIGUA).

Para
La Vía Campesina es vergonzoso que mientras esta crisis se profundiza para las
mayorías, la diferencia entre ricos y pobres aumente más durante la pandemia,
de acuerdo con el informe de Oxfam el poder económico está cada vez más
centrado en pocas manos, mientras que a las poblaciones se les aplica paquetes
neoliberales y de emergencia que incluyen graves retrocesos en lo social.
En
2021 el agronegocio batió record de ganancias en la producción y
comercialización de productos agrícolas para la exportación, a pesar de
promover un modelo de muerte y nada sostenible, basado en el monocultivo, el
uso intensivo de agrotóxicos, los transgénicos y la expulsión de campesinxs,
que contamina y que no trae desarrollo para los territorios, que al contrario
genera hambre, miseria y enfermedades.
Es
por eso que este 8 de Marzo, y durante todo el año 2022, como La Vía
Campesina conmemoramos 30 años de la
construcción de esta herramienta política
y construcción colectiva del campesinado, así que con más vigencia que
nunca seguiremos defendiendo la Reforma
Agraria Popular, la Soberanía Alimentaria, la Agroecología y el Feminismo
Campesino y Popular como propuestas concretas de dialogo y de construcción para generar un conjunto de
políticas públicas capaces de promover un desarrollo real, a partir de acciones
concretas como la distribución de las tierras y las ganancias, y de promover
justicia social y paz en los campos y ciudades.
“Con
esta crisis las campesinas hemos sufrido muchos retrocesos de derechos, hambre, desempleo, volvemos a treinta o cuarenta años atrás, incluso en Europa. Por eso
es importantísimo reorganizarnos y fortalecernos como articulación de LVC para
conectarnos con la vida concreta de las mujeres. Las campesinas estamos
atravesando la violencia, el acaparamiento de tierras, y el tema del cuidado
sigue siendo preocupante en post pandemia” comenta Sonia Vidal del Sindicato
Labriego Gallego y miembro de la Articulación de Mujeres de LVC.
Según
el reciente informe liderado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), al
menos 1 de 4 mujeres en el mundo han sufrido violencia física o sexual por
parte de sus parejas hombre. Este es el
mayor estudio realizado hasta la fecha y liderado por la OMS,
y señala que la prevalencia real es
probablemente mayor, más aún tras la pandemia de COVID, y reclama también
políticas públicas e inversión de recursos: “Es un desafío global”.
Asimismo
el informe publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(Cepal), señala que al menos 4.091 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 26
países de la región en 2020. “El asesinato es la máxima expresión de la
violencia de género, que sigue estando presente en la vida de millones de
mujeres de todas las edades “afirman.
“En el mundo la mayoría de las campesinas no
vivimos libres de violencia, nos violan, nos matan, nos agreden y desalojan de
nuestras tierras. Tampoco podemos ejercer nuestros legítimos derechos; como el
derecho a la tierra, somos obligadas a trabajos duros y no remunerados, incluso
a veces como cabezas de hogar debemos criar solas a nuestrxs hijxs, y muchas
veces para sobrevivir tenemos que migrar en las caravanas al Norte”, concluye
Yolanda Áreas de la Articulación de Mujeres de la Cloc – Vía Campesina
Centroamérica.
Finalmente,
para mantener la memoria viva y con la consiga #ParenDeMatarnos
denunciamos la inoperancia del sistema
judicial en el caso de Marielle Franco
en Brasil, el asesinato de la
compañera Elizabeth en Kenia o Sarai, la
niña venezolana asesinada atrozmente en
Colombia, estos casos, como miles de
casos no pueden quedar en la impunidad y en el olvido.
Durante
este Día de Acción convocamos a nuestras organizaciones miembros, aliadxs y
amigxs a exigir el fin a todo tipo de violencia y opresión, los Estados deben
ir más allá del apoyo a las supervivientes, deben desarrollar política públicas
con justicia de género, e invertir en programas de prevención, educación y
comunicación que construyan sociedades y relaciones de género más sanas y
justas.