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jueves, 5 de agosto de 2021

Reconvertir ecológicamente nuestra sociedad. La adopción de medidas políticas y económicas de carácter ecológico favorecen la generación de puestos de trabajo

  “... las fuerzas productivas tienden a convertirse en fuerzas destructivas, en fuerzas de destrucción de la naturaleza”.

K Marx. Crítica e la Economía Política

En España la duda no está de moda y mucho menos la disidencia de la cultura política hegemónica. Proponer vías o soluciones municipales alternativas es de un tiempo a esta parte, objeto de críticas más o menos mordaces, sibilinas, agrias, fundamentadas o no. El último y cercano ejemplo lo tenemos con algunas de las reacciones a los recientes acuerdos adoptados por el Pleno de Conil de la Frontera de revisar su Plan General de Ordenación Urbana[1].

Críticas que sugieren ignorancia, desconocimiento, insolidaridad o atrevimiento de todo grupo o personas contra quienes van contra corriente. Así, estar contra los Organismos Genéticamente Modificados (vulgarmente llamados transgénicos) es como negarse a solucionar el problema del hambre en el mundo; recelar del tren de alta velocidad es como ser un talibán de la bici, alguien metido en su cueva y sin billete; proteger terrenos de alto valor ecológico salvándolos del ladrillo y el turismo no sostenible es como ser un enemigo de la creación de puestos de trabajo [2].

Sin embargo, la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien por donde se debe caminar en el sentido de dirigirnos hacia un modelo de desarrollo social y ecológico, sostenible en el tiempo y en el espacio. Un nuevo modelo de progreso en lo económico, en lo social y en lo ambiental que otorgue la capacidad de decisión, más poder, a los ciudadanos y ciudadanas, y que garantice un sistema democrático que suponga efectivamente el autogobierno, por los vecinos y vecinas, de las poblaciones y los territorios.

La realidad de la existencia de una crisis climática, ecológica y social, ésta hoy agudizada por la pandemia, es ya inocultable y afecta al agotamiento de recursos, al aumento de las temperaturas y la consiguiente desertización de territorios, a la pérdida irreparable de biodiversidad, natural y agrícola, a la degradación medioambiental de zonas crecientes del planeta, incluidos los mares y océanos; crisis de la que no escapa un llamado primer mundo que, compuesto por los países que se denominan desarrollados, cuya población ha estado hasta no hace mucho ajena a esta degradación de las constantes vitales del planeta; a los fenómenos asociados al cambio climático; a los ritmos decrecientes de la producción agrícola; a la escasez crónica de agua potable en cada vez más lugares del planeta; y a nuevas formas de feminización de la pobreza.

Estamos cruzando, si es que ya no lo hemos hecho umbrales de irreversibilidad en procesos físicos y biológicos que hacen nuestro modo de producir y consumir abiertamente insostenible. Además, naturalmente, de ser un modelo no exportable a todo el planeta. Hoy, a través de los estudios sobre la “huella ecológica” de nuestro modo de producir sabemos que a finales del pasado mes de julio se agotaron todos los recursos del planeta para lo que queda de año[3], lo que se conoce como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Cada año este día llega antes porque cada vez, nuestra huella ecológica es mayor.

 España ya agotó los recursos que teníamos para nuestro país incluso antes: el 25 de mayo. En cinco meses, ya nos lo habíamos pulido todo. Si todo el mundo viviera como la media española, necesitaríamos dos planetas y medio para abastecernos, para hacer este modelo extensible y generalizable a toda la humanidad y no hay más que un planeta. Este modelo que ya era inaceptable en las condiciones de un mundo no muy habitado se convierte en completamente inviable, insostenible e injusto en un mundo repleto de seres humanos. Pero este se acabó al menos desde comienzo de la década de los años sesenta.

En la actualidad, los problemas ecológico sociales se han convertido en parte sobresaliente de la agenda política, tanto supranacional (Unión Europea), estatal o municipal, lo que pone de manifiesto la existencia de un movimiento social que ha influido poderosamente sobre la opinión pública y en los gobiernos, al menos sobre el papel y en sus declaraciones con sus ministerios primero llamados de Medio y ahora, más modernamente de Transición Ecológica, pero que siguen aplicando en lo económico políticas neoliberales, sirva como ejemplo el de los fondos de Recuperación para Europa o NextGenerationEU (NGEU) que en realidad son en gran medida un plan de rescate a los grandes capitales financieros y que siguiendo las tesis del crecimiento ilimitado, son medidas que aumentarán los impactos ambientales.

Por el contrario la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien el centro de gravedad de una propuesta de desarrollo sostenido.

Por todo ello, tanto en el nivel estatal, como en el autonómico y el local, es necesario apostar por una  economía productiva y sostenible frente al predominio actual de la economía del consumo y la especulación. La creación de empleo estable y de calidad debe ser el objetivo prioritario de la política económica en una democracia avanzada. Una política macroeconómica que contribuya a elevar el potencial de crecimiento sostenible de nuestra economía, promueva el pleno empleo y procure una distribución más justa de la renta y la riqueza.

Las dos grandes movilizaciones ecologistas generales y locales están demostrando la gran sensibilización ambiental existente en parte de la sociedad española. Sensibilidad ambiental que se basa en el  convencimiento de que el actual modelo económico es social y ambientalmente insostenible a medio plazo, así como que se hace necesario considerar la necesidad de un compromiso de cambio de dimensiones estratégicas, en el que la participación y la transparencia no pueden quedarse sólo en palabras. Y es en este contexto de mayor sensibilización ambiental entre la ciudadanía donde los Ayuntamientos han asumir, como lo está haciendo el de Conil, el liderazgo político en el ámbito de la ecología política, del desarrollo sostenido. De un progreso humano sostenible.

Desarrollo sostenido y sostenible y empleo son dos objetivos íntimamente ligados y perfectamente compatibles por lo que se hace necesario establecer una batería de medidas que tengan por objetivo ampliar y diversificar el campo de la actividad económica que, satisfaciendo necesidades sociales no mejoren nuestro entorno natural y no sólo no frenen, sino que potencien el desarrollo de los municipios, necesidades que necesariamente se deben territorializar al máximo, preferiblemente sobre bases locales y/o comarcales, de carácter público, dada las dificultades de medir su rentabilidad.

Estas medidas deberán perseguir la eficiencia y suficiencia de la economía del territorio donde se apliquen, municipio, comarca, etc... , sirviendo para la disminución de nuestras necesidades energéticas y de las materias primas de nuestra economía que afectan a nuestra vida doméstica, y debiendo tener en cuenta que, aunque algunas medidas no implicaran necesariamente mayor empleo, si llevarán consigo mejor empleo.

Es preciso reconocer que una auténtica política ecológica podría reducir los puestos de trabajo en algunos sectores cuya reconversión ecológica es imposible o muy difícil. En conjunto, la adopción de medidas políticas, sociales y económicas de carácter ecológico tienden a favorecer la generación de puestos de trabajo; además los empleos derivados de la introducción de este tipo de medidas serán más numerosos ya que se generarán en actividades productivas que son generalmente, más intensivos en mano de obra, ya que tienden a sustituir el uso de energía y de recursos naturales por trabajo y por conocimientos humanos. Aunque esto no sucede así siempre, a veces la introducción de nuevas tecnologías de mayor eficiencia para la corrección ambiental en las industrias pueden favorecer un incremento de la productividad y por ello una menor intensidad de trabajo.

La introducción de políticas y medidas ambientales, por otra parte, generan normalmente un volumen importante de empleo en nuevas actividades que antes no existían: equipos industriales para la depuración de aguas o la descontaminación, energías renovables, sistemas de gestión ambiental en las empresas, realización de estudios de evaluación ambiental y de vigilancia y control, protección del medio natural, educación ambiental (reglada y no reglada), nuevos productos y servicios de carácter ecológico, agricultura ecológica...

Es importante tener en cuenta no sólo el volumen, sino también las características de ese empleo. En primer lugar tiene normalmente un marcado carácter local, pues tiende a sustituir productos importados por otros producidos en cercanía, porque se basa en la recuperación de materiales y la reutilización que se suele producir en circuitos más cortos y porque puede generar redes de trabajo y actividad más territoriales. Los procesos de globalización económica suelen generar, por el contrario, desequilibrios sociales y ecológicos.

Es en principio es un empleo menos sujeto a los vaivenes de la economía internacional y de los intereses de las compañías transnacionales, escasamente preocupadas por las condiciones de vida y de trabajo locales. Es también estable ya que las perspectivas para que se sigan desarrollando estos sectores medioambientales son muy elevadas, tanto en sistemas de corrección ambiental industrial en lo que queda mucho por hacer, como en sustitución de tecnologías y energías sucias por otras limpias o renovables en lo que también existen amplias perspectivas, o en el estudio y evaluación del medio ambiente o en actividades de reciclaje y recuperación, por poner solo algunos ejemplos para ilustrar esta afirmación.

Por el contrario, no podemos olvidar que una buena razón, para apoyar los sectores ecológicos generadores de empleo es que suelen implicar unas condiciones de riesgo y salud laboral más ventajosas que en las actividades tradicionales (contaminación radiactiva, uso de plaguicidas en agricultura, empleo de sustancias y procesos tóxicos en la industria...).

Conil de la Frontera. Agosto 2021

José Ramón Mendoza