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| La producción y el comercio de
cercanía esun objetivo primordial en una política de movilidad con orientación ecológica, |
José Ramón Mendoza
Nadie, excepto Alcaldes como el de Madrid o Presidentas
como la de esa Comunidad Autónoma, niegan que el tráfico y la movilidad de personas y
mercancías en base al transporte por vehículos movidos por motores de
combustión interna trae consigo graves consecuencias de salud, sociales y
ecológicas, y dentro de estas muy especialmente las de su influencia sobre la
contaminación del aire y el calentamiento global. Tampoco a nadie se le escapa
que son la causa principal de los aspectos más conflictivos del medio ambiente
urbano tales como la contaminación, el ruido, el consumo excesivo de recursos o
la ocupación extensiva del espacio.
La sociedad es consciente de la necesidad
cada vez más apremiante de disminuir esas consecuencias. Surge entonces la
pregunta ¿cómo hacerlo? Y la conclusión inmediata: Sin transformar la movilidad
no parece posible racionalizar o hacer más habitables nuestras ciudades y
nuestro entorno.
Inmediatamente nos damos cuenta de que hay
respuestas diferentes, pero sobre todo de que no todas ellas parten de las
mismas premisas ni todo tienen los mismos objetivos ya que de entrada, esa
aparentemente sencilla pregunta puede responderse desde dos puntos de vista
diferentes aunque complementarios pero que parten de premisas opuestas.
La primera de esas premisas se basa en la idea
de que lo que hay que hacer es paliar los inconvenientes del tráfico a través
de la sustitución de unos medios de transporte motorizados por otros que
dispongan de mayor eficacia ambiental como los vehículos eléctricos o híbridos;
y social, en particular, la potenciación del transporte colectivo como
alternativa al automóvil privado y de la del ferrocarril como medio de
transporte de menor impacto que el que se lleva a cabo por carretera.
El segundo punto de vista parte de una
premisa sino contraria, sí diferente a la anterior; ya que se basa en reducir
las consecuencias ambientales y sociales del tráfico no mediante la sustitución
de un tipo de transporte por otro, sino mediante la reducción al máximo posible
de la movilidad motorizada, tanto en lo que se refiere al número como a la
distancia de los desplazamientos.
Esta diferencia de puntos de vista de partida
y, por lo tanto de respuestas, se corresponde bastante aproximadamente con la
distinción existente entre los conceptos de movilidad y accesibilidad manejados
en la planificación del transporte desde hace más de veinte años.
Decía la entonces ministra de Fomento,
Magdalena Álvarez, en el Parlamento Español, en 2008: “Señoría, cuando definimos la movilidad estamos hablando de flujos de
personas y de mercancías”.
La movilidad, es un concepto que se utiliza
indistintamente para expresar la facilidad de desplazamiento o como medida de
los propios desplazamientos realizados (pasajeros/km o Tm/km) Movilidad es la
cualidad de movible. Es actividad, agilidad, inestabilidad,…
La denominada movilidad sostenible es el concepto
más utilizado en nuestra sociedad para intentar reducir los efectos ambientales
del transporte motorizado.
“Accesibilidad
es la facilidad de alcanzar los bienes, servicios y contactos por parte de
todas las personas. La accesibilidad es la cualidad de tener las cosas a mano.
Este enfoque de la accesibilidad es el que corresponde a la visión ecológica de
la ordenación del territorio y del sistema de transporte”.
La accesibilidad es un concepto vinculado a
los lugares, a la posibilidad de obtención del bien, del servicio o del
contacto buscado desde la perspectiva del desplazamiento mínimo; y por
extensión se utiliza el término para indicar la facilidad de acceso de personas
y mercancías a un determinado lugar. La accesibilidad, por consiguiente, se
valora o bien en relación al coste o dificultad de desplazamiento que requiere
la satisfacción de las necesidades, o bien en relación al coste o dificultad de
alcanzar el lugar al que se quiere acceder.
Contrastando estos dos conceptos, desde en mi
opinión opuestos, los problemas, económicos, logísticos, de planificación y
ambientales derivados del tráfico cobran
un nuevo aspecto. Si el objetivo que se persigue es el de facilitar el
movimiento de personas y mercancías desde sus lugares de residencia y
producción hasta sus lugares de trabajo, ocio, etc…, entonces no cabe duda de
que hay que buscar una supuesta sostenibilidad de la movilidad mediante la
promoción de los medios de transporte que faciliten los desplazamientos con un
menor impacto ambiental y social, es decir mediante la mejora de la movilidad.
Pero, si por el contrario, si el objetivo del
transporte es facilitar el acceso a bienes, servicios y contactos, la
sostenibilidad debe enfocarse a partir de la reducción de las necesidades de
desplazamiento motorizado y del aprovechamiento máximo de la propia capacidad de
trasladarse que tiene el ser humano andando o en bicicleta.
El tráfico y el transporte son una parte
importante de lo que podríamos llamar “núcleo duro” de la crisis climática, y
ello es especialmente significativo en Comunidades Autónomas cuyo modelo de de
ordenación del territorio es el de la urbanización residencial dispersa y de
una terciarización de nuevo cuño, sufriendo una auténtica convulsión en lo que
se refiere a una creciente necesidad de la movilidad de personas, bienes y
servicios, a un cada vez mayor uso del automóvil privado y, consecuentemente a
la demanda de infraestructuras de transporte.
Para intentar resolver los problemas que este
modelo territorial genera en cuanto al transporte se refiere, el modelo que se
ha elegido es el de la mejora de la movilidad ya una menor insostenibilidad de
la misma, aumentando y mejorando, que duda cabe, las infraestructuras de
transporte, eso sí eligiendo mayoritariamente el modelo de carretera y sin
atender demasiado a la búsqueda de otras alternativas que provocasen un menor
daño ambiental. No debería suponer, sin embargo, una sorpresa el que el balance
ambiental y social de la mayoría de las medidas arroje un resultado globalmente
poco satisfactorio.
Desde el concepto de accesibilidad se
perciben con nitidez las otras facetas que cualifican la sostenibilidad y, en
particular, la propia generación de necesidades de bienes, servicios y
contactos que da lugar a su vez a la necesidad de desplazamiento.
Como un enfoque al problema ambiental y
social de transporte, frente a la movilidad se yergue el concepto de accesibilidad
sostenible que, de esta manera se configura como un enfoque del problema de
mayor calado y envergadura que el que significa el de la movilidad sostenible.
Efectivamente, mientras que este último se
limita a poner sobre la mesa soluciones de tipo técnico que haga más rápida y
cómoda la posibilidad de acceder de un punto a otro, el de la accesibilidad, al
facilitar la reflexión sobre las necesidades, facilita la reflexión sobre la
construcción de las relaciones urbanas y, por tanto, la reflexión sobre el
modelo de territorio. Se pone así, de nuevo, sobre el tapete la conveniencia y
urgencia de explicitar los objetivos y propósitos del sistema ordenación del
mismota que tanto la planificación urbanística, como la idea más amplia de
ordenación del territorio se traduce en determinadas necesidades de
desplazamiento motorizado y en un patrón de accesibilidades concreto. Un
urbanismo disperso genera mayores necesidades de desplazamiento, reduce la
accesibilidad y termina exigiendo, por tanto, mejoras en la movilidad que, la
mayoría de las veces se llevan a cabo mediante el aumento del transporte y la
creación y ampliación de vías de comunicación para el transporte motorizado.
Rompiendo con esto, es decir cuestionando que
la solución sean más y supuestamente mejores vías de comunicación y medios de
transporte menos contaminantes, la accesibilidad sostenible se convierte en un
concepto a partir del cual se pueden filtrar, analizar y criticar las
construcciones ideológicas y los intereses económicos, que hay detrás de la
planificación urbanística y territorial e incluso detrás de la gestión
cotidiana de las administraciones implicadas en la ciudad, desbordando el limitado
campo de soluciones técnicas en el que se encorsetan o a quienes desde los
intereses urbanísticos y constructores encorsetan a quienes se ocupan del
tráfico y del transporte.
Resumiendo, la movilidad sostenible presenta
como objetivo principal la reducción del impacto ambiental y social de la
movilidad motorizada existente, es decir, la búsqueda de la mejora en la
eficacia ambiental y social de los desplazamientos motorizados que se realizan
en las ciudades y entre las localidades.
Por su parte, la accesibilidad sostenible
formula como objetivo principal la reducción de la demanda de desplazamientos
motorizados. Para ello se recurre tanto a la reducción de los desplazamientos de
larga distancia que requieren el concurso del motor para su realización, como a
la creación de unas condiciones favorables para que se desarrollen los
desplazamientos no motorizados.
La creación de proximidad o de cercanía es,
por tanto, un objetivo primordial en cualquier política de movilidad con orientación
ecológica, ya que reduce la movilidad, y por tanto la presión del transporte
sobre el medio ambiente, a la vez que mantiene o mejora la accesibilidad.
Enero 2020

