La adopción de medidas políticas y económicas de carácter ecológico impulsa la generación de puestos de trabajo
José Ramón Mendoza
“... en el industrialismo, las fuerzas
productivas tienden a convertirse en fuerzas destructivas, en fuerzas de
destrucción de la naturaleza”.
(K. Marx. Crítica de la Economía Política)
La duda
no está de moda y mucho menos la disidencia. Proponer vías alternativas o
repensar soluciones estatales, autonómicas y/o municipales han sido y siguen
siendo, objeto de críticas más o menos mordaces, sibilinas, agrias,
fundamentadas o no. Críticas que sugieren ignorancia, d
esconocimiento,
insolidaridad o atrevimiento, cuando no intereses económicos.
Estar contra los Organismos Genéticamente
Modificados (vulgarmente llamados transgénicos) es como negarse a solucionar el
problema del hambre en el mundo, recelar del tren de alta velocidad es como ser
un talibán de la bici, un neardenthal en su cueva y sin billete.
Sin
embargo, la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el
marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien
por donde se debe caminar para dirigirnos hacia un modelo de desarrollo
sostenido. Un nuevo modelo de desarrollo económico y social que de más
capacidad de decisión, más poder, a los ciudadanos y ciudadanas, y que
garantice un sistema democrático que suponga efectivamente el autogobierno, por
los vecinos y vecinas, de las poblaciones y los territorios.
La realidad de la existencia de una crisis ecológica
y social es ya inocultable y afecta al agotamiento de recursos; a la pérdida
irreparable de biodiversidad; a la degradación medioambiental de zonas
crecientes del planeta, incluido el primer mundo, ajeno hasta ahora a esta
degradación de las constantes vitales de la Tierra; a los fenómenos asociados
al cambio climático; a los ritmos decrecientes de la producción agrícola; a la
escasez crónica de agua potable en cada vez más lugares del planeta; a nuevas
formas de feminización de la pobreza y del hambre.
No hay duda de
que hemos cruzado umbrales de irreversibilidad en procesos físicos y biológicos
que hacen nuestro modo de producir y consumir abiertamente insostenible.
Además, naturalmente, de ser un modelo no exportable a todo el planeta. Hoy
sabemos a través de los estudios sobre la “huella ecológica” de nuestro modo de
producir que necesitaríamos tres planetas Tierra para hacer este modelo
extensible y generalizable a toda la humanidad y no hay ni habrá tres planetas
tierra. Este modelo que ya era inaceptable en las condiciones de un mundo poco
habitado se convierte, ya desde la década de los sesenta del pasado siglo, en
completamente inviable, insostenible e injusto en un mundo repleto de seres
humanos y con un modo de producción, el capitalista, mundializado.
En la actualidad, los problemas ecológico/sociales se han
convertido en parte sobresaliente de la agenda política, tanto supranacional
(Unión Europea), estatal o municipal, gracias sobre todo a la existencia de un
movimiento social que ha influido poderosamente sobre la opinión pública y las
prioridades de los gobiernos.
La idea de un cambio de
modelo social y económico que también tiene que ser político en el marco de
unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien el centro
de gravedad de una propuesta de desarrollo sostenido...
Por todo ello, tanto en el
nivel estatal, como en el autonómico y el local, es necesario apostar por
una economía productiva y sostenible
frente al predominio actual de la economía del consumo (incluido el sector turístico)
y la especulación. La creación de empleo estable y de calidad debe ser el
objetivo prioritario de la política económica en una democracia avanzada y, por
ende de un gobierno que se autodefine de izquierdas. Una política
macroeconómica que contribuya a elevar el potencial de crecimiento sostenible
de nuestra economía, promueva el pleno empleo y procure una distribución más
justa de la renta y la riqueza. España sigue ostentando el récord europeo del
paro y la precariedad en el empleo, que afectan sobre todo a la juventud y a
las mujeres. Los servicios sociales, escasamente desarrollados en nuestro país,
deben formar parte de una estrategia por el empleo.
Día a día crece una
sensibilidad ambiental; sensibilidad que debe transformarse en una conciencia
ecológica-política basada en el convencimiento de que el actual modelo
económico es social y ambientalmente insostenible a medio plazo lo que hace
necesario un compromiso de cambio de dimensiones estratégicas, en el que la
participación y la transparencia no pueden quedarse sólo en palabras. Y es en
este contexto de mayor sensibilización ambiental entre la ciudadanía donde los Ayuntamientos
pueden asumir el liderazgo político en el ámbito de la ecología política, del
desarrollo sostenido.
Desarrollo sostenido y sostenible y empleo son dos conceptos íntimamente
ligados por lo que se hace necesario establecer una batería de medidas que
tengan por objetivo ampliar el campo de la actividad económica, satisfaciendo necesidades
sociales que mejorando nuestro entorno natural no sólo no frenen, sino que
potencien el desarrollo del municipio, necesidades que necesariamente se deben
territorializar al máximo, preferiblemente sobre bases locales y/o comarcales,
de carácter público, dada las dificultades de medir su rentabilidad.
Estas
medidas perseguirán la eficiencia y suficiencia de la economía del territorio
donde se apliquen, municipio, comarca, etc... , sirviendo para la disminución
de nuestras necesidades energéticas y de materias primas de nuestra economía,
teniendo en cuenta que algunas medidas no implican necesariamente mayor empleo,
pero si llevan consigo mejor empleo.
Aunque la adopción de
medidas políticas y económicas de carácter ecológico favorece la generación de
puestos de trabajo, es preciso reconocer que una auténtica política ecológica
podría reducir los puestos de trabajo en algunos sectores cuya reconversión
ecológica es imposible o muy difícil.
Sin embargo proyectos derivados
de la introducción de medidas ecológicas son generalmente, más intensivos en
mano de obra, ya que tienden a sustituir el uso de energía y de recursos
naturales por trabajo y conocimiento humano. La introducción de nuevas
tecnologías de mayor eficiencia para la corrección ambiental en las industrias favorecerá
un incremento de la productividad y por ello una menor intensidad de trabajo; aunque
en la economía capitalista esto no sucede prácticamente nunca.
La
introducción de políticas y medidas ambientales, por otra parte, generan
normalmente un volumen importante de empleo en nuevas actividades que antes no
existían: energías renovables, equipos industriales para la depuración de aguas
o la descontaminación, sistemas de gestión ambiental en las empresas,
realización de estudios de evaluación ambiental y de vigilancia y control,
protección del medio natural, educación ambiental (reglada y no reglada),
nuevos productos y servicios de carácter ecológico.
Es
importante tener en cuenta no sólo el volumen, sino también las características
de ese empleo. En primer lugar tiene normalmente un marcado carácter local,
pues tiende a sustituir productos importados por otros de cercanía ya que se
basa en la recuperación de materiales y la reutilización que se suele producir
en circuitos más cortos y porque puede generar redes de trabajo y actividad más
territoriales. Los procesos de globalización económica generan, por el
contrario, desequilibrios sociales y ecológicos.
En principio es un empleo
menos sujeto a los vaivenes de la economía internacional y de los intereses de
las compañías transnacionales, escasamente preocupadas por las condiciones de
vida y de trabajo locales. Es también estable ya que las perspectivas para que
se sigan desarrollando estos sectores son muy elevadas, tanto en sistemas de
corrección ambiental/industrial en lo que queda mucho por hacer, como en
sustitución de tecnologías sucias por otras limpias o renovables en lo que
también existen amplias perspectivas, o en el estudio y evaluación del medio
ambiente o en actividades de reciclaje y recuperación, por poner solo algunos
ejemplos para ilustrar esta afirmación.
Conil de la Frontera. Septiembre 2020.

