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sábado, 18 de diciembre de 2021

AxSí: MIENTE QUE ALGO QUEDA

 Nos parece de una gravedad tremendísima la actitud del partido andalucista y aún más
lamentable la de su diputado provincial, al venir a Conil a mezclar churras con merinas y a confundir a la opinión pública, dejándose manipular por el odio que tiene su portavoz en Conil a Izquierda Unida y al Partido Comunista. 

En un ejercicio de oportunismo político venir a hacer esta rueda de prensa a dos semanas  de la manifestación, está fuera de lugar, máxime cuando en Conil estamos pasando unos momentos muy complicados, con familias que tienen ante sí un futuro incierto.

Los que se denominan andalucistas, lo han hecho siempre, defienden asuntos particulares por encima del interés general de Conil. En esta ocasión utiliza al alcalde de Barbate para negar la evidencia de lo que supone Conil en el mapa turístico nacional e internacional. Y, como siempre, hacen daño a Conil, pensando que cuanto peor le vaya a Conil, peor le irá a Izquierda Unida. Utilizan unas fotos aéreas de Google que se prestan a una fácil manipulación: ni en Conil se ha hecho tan mal, ni en Barbate tan bien.

Sepa usted Sr. Molina que Izquierda Unida de  Conil no organiza nada en Barbate, y menos aún fletar autobuses, y que nos halaga enormemente esa opinión que tiene sobre la capacidad de organización de IU Conil y el Partido Comunista para movilizar a tanta gente como hubo en Barbate en la manifestación.

En ningún momento en la vida política de Conil se habla del Següesal, más allá de que se pueda hacer a nivel particular. Algunos militantes nuestros estuvieron en una manifestación en contra de un proyecto con el que no están de acuerdo, ¿o es que también le molesta al partido andalucista que la gente se manifieste libremente?

Ejemplos de protección del medio ambiente en Conil los que usted quiera, muchos y ustedes los conocen: hablamos de Roche, hablamos de Castilnovo, hablamos del entorno del Río Roche, hablamos de desclasificaciones de urbano a no urbanizable, y un largo etc. No admitimos que venga nadie a darnos lecciones sobre cómo proteger nuestro patrimonio natural.

Patético que venga usted a Conil a lavar sus vergüenzas, a defender una macro urbanización junto a un parque natural, joya de la provincia, mostrando una gran inseguridad en su propio proyecto. Además con su gesto está usted echando a pelear a dos pueblos vecinos y hermanos.

Izquierda Unida lleva gobernando en Conil todos los años que el pueblo ha decidido, por algo será.

 Si ustedes tienen claro lo que quieren para Barbate, Izquierda Unida tiene aún más claro lo que quiere para Conil.

Izquierda Unida Conil de la Frontera

viernes, 10 de diciembre de 2021

CONIL DE LA FRONTERA EXIGE DERECHOS HUMANOS PARA TODAS Y TODOS

MANIFIESTO CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS

Porque hoy y siempre, los derechos que no se defienden, se pierden.

Hoy 10 de diciembre se conmemora el 73º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Unos Derechos Humanos que desde que comenzase la crisis sanitaria y con la nueva normalidad se han visto recortados, y otros si cabe, más olvidados.

En el día internacional de los Derechos Humanos en la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía tenemos claro que hay que llamar la atención

sobre todas las vulneraciones e insistir en la necesidad de construir una sociedad más justa e igualitaria protegiendo a quienes más sufren. 

Son muchas las personas y colectivos los que se han quedado atrás en nuestro pueblo, en nuestra provincia, en nuestro país y en todo el mundo: por tus derechos, por los derechos de todas las personas. Porque los derechos humanos no sean papel mojado.

Por eso, hoy y todos los días estaremos en las plazas y las calles:

1.    Defendiendo los servicios públicos. La sanidad, la educación y los servicios sociales no se venden, se defienden. La pandemia nos está demostrando la necesidad de un sólido estado de bienestar que garantice la atención de la ciudadanía, con pandemia o sin ella. Denunciamos los recortes que se están produciendo en todos los servicios públicos, especialmente entre el personal de refuerzo contratado durante la crisis. Denunciamos la privatización. La salud, la educación y los servicios sociales no deben ser entendidos como un negocio, son un derecho universal. Ahora y siempre.

2.    Por el derecho a la vivienda. Queremos tener la posibilidad de vivir en una vivienda digna. Y es un derecho cada vez más difícil en nuestra zona, pues las administraciones no hacen nada por cumplir el derecho a la vivienda.  Pero la vivienda no puede ser sólo un negocio porque es un derecho humano fundamental. Además, grandes empresas están acaparando las pocas disponibles para convertirlas en viviendas turísticas. No estamos en contra del turismo, pero si nos parece esencial poner algo de sentido común y garantizar el acceso a la vivienda para todos y para todas

3.    Por el derecho al trabajo. La provincia de Cádiz no solo necesita personal para la hostelería, necesitamos inversiones sostenibles que diversifiquen y que creen empleo de calidad en toda la comarca. La reciente huelga del metal nos ha hecho volver a creer que la Bahía aún puede salir del letargo en el que lleva sumida desde hace décadas. También es el momento de apoyar a muchos sectores que, como el de la limpieza, sigue en lucha. Recuperemos nuestra dignidad.

4.    Porque tenemos derecho a un planeta habitable. La emergencia climática no la solucionará sólo la cumbre del clima. Es necesario actuar ya, abandonar las actuales políticas criminales que continúan el extractivismo y la depredación del planeta. Tenemos que apoyar a todos los colectivos y asociaciones que llevan tiempo poniendo la voz de alarma. Nos llena de esperanza ver cómo la gente joven está impulsando estas iniciativas. Sin ellos, sin ellas, no hay planeta, no hay futuro.

5.    Porque defendemos la igualdad. Sin feminismo no son posibles los derechos humanos. Seguiremos denunciando las vulneraciones que sufren las mujeres en todas las esferas de la vida, denunciando una violencia de género que no cesa y luchando por un futuro en igualdad para todas.

6.    Porque exigimos un techo para las personas sin hogar que viven entre nosotros y nosotras. No podemos permitir que ninguna persona más muera en la calle como ocurrió la semana pasada en la Caleta. Todo el mundo tiene derecho a un techo. Aunque en algunos sitios se ha avanzado algo, nos consta que aún es muy insuficiente. Tienen que salir de la calle si lo desean, para que recuperen sus derechos y se les reconozca su dignidad.

7.    Porque no podemos permitir que las mentiras quiebren la convivencia y la diversidad. Estamos contra el aumento de las agresiones al colectivo LGTBIQ y contra el racismo y la xenofobia. Denunciamos todos los discursos del odio que envenenan las redes, la información y la política. Exigimos el derecho a la diversidad y a la convivencia.

8.    Denunciamos la pérdida de vidas humanas que no termina en nuestra frontera sur. Y las políticas migratorias de los gobiernos que las provocan. Queremos vías libres y seguras para las migraciones. Denunciamos también las políticas cobardes y xenófobas de la Unión Europea, presente estos días en Bielorrusia o en el canal de la Mancha.

9.    Porque no es cierto que el virus haya atacado a todos y a todas por igual, han sido las personas más vulnerables las que ha sufrido doblemente durante este tiempo. Por ello pedimos pensiones dignas. No podemos permitir que la brecha digital o la pobreza energética estén excluyendo cada día a más personas. Creemos que la Renta Básica Universal es una medida que podría ayudar a una vida digna. Hay que insistir en un cambio en las políticas socioeconómicas y poner en primer lugar el acceso de todas las personas a las cosas más esenciales. 


10. Durante la pandemia fueron muchas las libertades y los derechos que se recortaron que tendremos que volver a recuperar. Queremos manifestar también nuestro apoyo a las personas presas, para que los derechos humanos no se detengan ante los muros de las prisiones. Garanticemos su dignidad.

 

jueves, 25 de noviembre de 2021

IZQUIERDA UNIDA ANDALUCÍA: RENOVABLES SÍ, PERO NO ASÍ

DESARROLLO E IMPACTOS DE LOS NUEVOS MACROPROYECTOS DE ENERGÍAS RENOVABLES EN ANDALUCÍA

Hay muchas cosas de las que estamos orgullosos los andaluces, y sin duda alguna entre ellas está el amor por su tierra, su campo, montañas y costas. El medio andaluz es rico en toda su biodiversidad. Y muestra de ello son la gran cantidad de zonas y especies protegidas. Si algo queremos los andaluces es preservar nuestro medio natural.

La Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA) está comprendido por Parques Naturales, Parajes o Paisajes protegidos, por ejemplo, sin olvidar Reservas de la Bioesfera de la UNESCO, incluso Zonas Especialmente Protegidas de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM). Estos y más espacios garantizan la preservación del entorno andaluz, y su defensa es para IU una prioridad política de primer orden. Lo ha sido históricamente y lo será irresolublemente en el futuro. Es una línea roja que nunca cruzaremos y a nuestras espaldas hay un buen número de conflictos en los que hemos estado a la vanguardia defendiendo nuestra tierra.

Y en línea de está sensibilidad política andaluza, IU tiene en la lucha contra el Cambio Climático uno de sus ejes vertebradores, estratégicos y de desarrollo de la acción política. En esta titánica tarea, son precisos todos los esfuerzos políticos, económicos y tecnológicos para impulsar las medidas necesarias para mitigar los graves efectos que tiene la Emergencia Climática a la que nos enfrentamos.

Una, de las muchas acciones necesarias consiste en la planificación y desarrollo de una transición energética que debe pivotar, entre otras, en el despliegue de las energías renovables para descarbonizar el mix energético y por ende contribuir al proceso de electrificación de la economía y la sociedad andaluza que nos permita abandonar el uso de combustibles fósiles y así reducir rápida y drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero, especialmente de CO2. Además, resulta innegable que las condiciones climatológicas de Andalucía se prestan a una implantación mayoritaria de la energía solar fotovoltaica, la cual además, en los últimos años ha experimentado una fuerte curva de aprendizaje que ha contribuido a una importante reducción de costes haciendo de esta tecnología una de las más competitivas. Si a esto sumamos el hecho de que la energía solar además de ser una fuente limpia, renovable y barata contribuye a la reducción de precios en el mercado mayorista de electricidad, lo cierto es que se convierte en una de las herramientas fundamentales de las que debemos disponer en este proceso de descarbonización del mix energético.

Sin embargo, a pesar de partir de unas condiciones inmejorables, lo que nos encontramos de un tiempo a esta parte es un modelo de desarrollo depredador que nos preocupa enormemente. No hay una planificación energética pública consistente a las necesidades ni una ordenación del territorio que zonifique el campo andaluz.

Lo que vemos es cómo la transición energética que estamos caminando no está impugnado el actual sistema de producción, en este caso, de energía eléctrica. No estamos alumbrando un Nuevo Modelo Energético, ambientalmente sostenible, democrático y socialmente justo. Lo que está ocurriendo es, en definitiva, más de los mismo. Estamos observando con pavor como las mismas empresas que han conformado en las últimas décadas un oligopolio energético han comenzado a virar sus estrategias empresariales abandonando nichos de negocio contaminantes por otros más sostenibles. ¿Es bueno? Sí, no lo negaremos. Pero el problema trasciende la mera orientación de negocios de unos sectores a otros. El problema es que lo que vamos a ver (y ya estamos viendo) es cómo las grandes empresas que han dominado la generación de electricidad hasta ahora, controlarán la generación de electricidad del futuro. Y más allá de esta preocupante concentración de capital y de poder económico-institucional, lo que vemos es que estas empresas – que en la inmensa mayoría no son ni tan siquiera andaluzas – carece de una responsabilidad social realmente bien entendida, no cómo mera etiqueta o eslogan. No entienden ni interiorizan que las energías renovables son un medio, una herramienta más de un amplio abanico de opciones para combatir el cambio climático, sino que lo entienden como un fin en sí mismo, que les produce una rentabilidad económica y les permite mantener su statu quo, o incluso reforzarlo. Por tanto, si no se ponen medios lo que veremos es cómo la producción a través de un recurso natural como es el sol, va ser patrimonializado por una élite económica cada vez más poderosa.

Efectivamente, lo que estamos viendo a través de nuestros alcaldes y concejales es que el campo andaluz se está llenado de una multitud de megaproyectos renovables, mayoritariamente de energía fotovoltaica, en muchos casos con tintes especulativos, con grandes multinacionales detrás, incluso fondos de inversión extranjeros, que usan en ocasiones prácticas caciquiles propias hace un siglo. Estos proyectos no traen riqueza al territorio, más allá del “pelotazo” de algunos agricultores que venden al mejor postor sus tierras abandonando proyectos agrícolas gracias a unas rentas improductivas y algo de dinero a las arcas públicas municipales. Pero es que a estos promotores renovables, no les preocupa si no hay necesidades reales de acumular cientos de megavatios en una misma zona. No hay una visión estratégica ni de política energética detrás. Sólo hay rentabilidad económica y sólo desde este punto de vista se entiende la economía de escalas de los enormes proyectos que promueven. No les importa los enormes impactos y afecciones al territorio y su medio natural, porque lo que importa es hacer caja. Bajo el pretexto de que son empresas sostenibles preocupadas por el medio ambiente y el cambio climático, no tienen reparos en arrasar decenas de hectáreas, realizar un desmonte, desbroces masificados, realizar movimientos de tierra, talar arboles y alterar zonas donde habiten especies naturales autóctonas y de gran valor. Es decir, con la justificación de desarrollar energías renovables para combatir el cambio climático son capaces de alterar la biodiversidad de la fauna y flora del mismo terreno que dicen querer proteger. Esta contradicción es insostenible, insoportable e inasumible. Una medida de esta naturaleza no puede tener efectos secundarios que empeoren la situación previa. Sí, contribuyen a un mix de generación descarbonizado, pero también a arrasar extensas hectáreas de un campo andaluz especialmente rico en su biodiversidad.

Pero más allá de este neocolonalismo energético del gran capital y de conversión de multitud de nuestros pueblos en el monocultivo fotovoltaico, lo que subyace es una enorme responsabilidad de las Administraciones Públicas competentes que a través de su regulación o la falta de ella que permiten esta especie de “ley de la selva”, que ni tan siquiera es un Capitalismo Verde, sino el mismo sistema capitalista de siempre, pero revestido de una especie de lavado de cara que permita su subsistencia.

A día de hoy, cualquiera con algo dinero y cumpliendo unos mínimos requisitos administrativos puede construir las instalaciones que quiera y dónde quiera. Y este es el problema de fondo. Podemos quejarnos de una u otra empresa, de uno u otro proyecto, del impacto en una u otra zona, de las especies que se pueden ver afectadas, de si el proyecto va a generar empleo local o foráneo, si estos proyectos asientan población o no, pero lo que subyace de fondo de toda esta cuestión es un problema mayor de planificación y ordenación.

Resulta evidente que en la transición ecológica de la economía es necesario una transformación del sistema energético español, y que las energías renovables son herramientas fundamentales para su consecución. Al igual que resulta evidente que cualquier instalación de generación eléctrica tiene impactos, pero hay que tratar de que éstos sean los menores posibles, y que los estudios de declaración ambiental no sean mero papeleo administrativo, sino documentos realmente sólidos, solvente y válidos para determinar los impactos de cada proyecto y la adecuación de los lugares seleccionados. En este marco de referencia, desde IU de Andalucía apostamos por proyectos de menor envergadura que sin duda ayudarán a reducir impactos en el campo andaluz; el establecimiento de una zonificación del territorio vinculante que delimite con claridad y objetividad las zonas necesarias de preservación y especial protección, evitando la ejecución de proyectos en zonas claramente inadecuadas por su especial valor ambiental. Además, se está asentando en el subconsciente colectivo del pueblo andaluz, que sólo las renovables puede desarrollarse en el campo. Y sin embargo, no es cierto, más bien al contrario, la apuesta que hacemos desde IU Andalucía pasa por una producción de proximidad, es decir, un modelo basado en la generación distribuida, donde la producción de energía eléctrica se realice lo más próximo posible a los puntos de consumo. Con ello, evitamos el modelo neocolonial de producir aquí y consumir a cientos de kilómetros, que además conlleva el enorme gasto de desplegar las infraestructuras y redes eléctricas de alta tensión para el transporte de esa energía, que además de suponer un coste que se repercute en la factura de todos los consumidores eléctricos a través de los peajes de transporte y distribución, tienen a su vez sus propios impactos con el tendido de redes de alta tensión, las cuales atravesarán como autovías eléctricas el campo andaluz y partirán los pueblos por los que pasen, ya que no irán soterradas, sino que serán líneas aéreas con sus correspondientes torres generando a su vez nuevos rechazos sociales y del movimiento ecologista. En definitiva, que un modelo de proximidad permite optimizar los proyectos a las necesidades reales de los territorios andaluces, permite que estos proyectos de menor tamaño sean participados por agentes y actores sociales y económicos locales de menor tamaño, con PYMES y autónomos de los municipios en cuestión y estos sí, generen un tejido productivo local con trabajadores autóctonos.

Además, estos modelos permiten desarrollar experiencias colectivas y municipales muy interesantes donde el poder local y la sociedad civil se dan la mano para ser protagonistas del sector energético. Pensemos en las comunidades energéticas que ya desarrollamos en algunos municipios en los que gobernamos, y el autoconsumo colectivo y compartido haciendo uso de los tejados municipales, por poner sólo algunos ejemplos.

Cuando os enfrentéis al dilema en vuestro pueblo sobre la construcción de un megaproyecto, podéis preguntaros si es mejor un megaproyecto fotovoltaico de 500MW desarrollado por una gran empresa en un pequeño municipio andaluz con sus impactos en esa ingente cantidad de hectáreas, o por el contrario es mejor 500 proyectos de 1MW en 500 municipios desarrollado por PYMES dando empleo trabajadores locales en muchas más zonas del territorio. O incluso, si no será mejor construir 5.000 instalaciones de autoconsumo en cubiertas de polígonos o 50.000 instalaciones de pequeña potencia para autoconsumos domésticos… Creemos, sinceramente, que las respuestas son evidentes. Cualquier modelo será mejor que el primero.

En definitiva, desde IU Andalucía decimos Renovables sí, pero no así. Es necesario un cambio de modelo energético, no una mera adaptación del mismo. Y nos encontramos en un punto crítico de no retorno. Aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo, pero en la movilización y nuestra fuerza municipal es donde se va jugar esa partida.

viernes, 17 de septiembre de 2021

CUANDO VEO CIERTAS PUBLICACIONES SOBRE MI PUEBLO CONIL.


Parece que en vez de estar en este perfecto enclave, esto parece una localidad de cualquier
país subdesarrollado.

¡Hombre por favor!, ¿Todo está mal?

Por supuesto que hay cosas a mejorar, cómo en todos los sitios.

Que hay que repintar paso de peatones, arreglo de carriles, el problema de la depuradora, vale se puede entender; de hecho se están haciendo. Y todo esto nos señala que se está avanzando.

Pero es que leyendo varias cosas parece que no hay nada bueno o alguna gestión bien hecha.

Esta campaña de acoso y derribo en las redes no beneficia a nadie, solo a unos pocos, los cuales buscan su interés personal a los de todo un pueblo.

Conil se merece que entre todos conjuntamente, ciudadanía y políticos luchemos por ella.

Todos los años somos de las localidades líderes en cuanto a ocupación hotelera y no es solo por la playa, pues, playa hay en muchas ciudades.

Conil es bella de por sí. Sus patios, gastronomía, pueblecito blanco al lado del mar. Si nos preguntásemos el ¿por qué? de nuestro éxito la respuesta es clara, es por valentía, dignidad y conciencia, estas fueron las semillas que han ido germinando en lo que tenemos ahora.

La gente de nuestra localidad. Con hotelitos, hostalitos, restaurantes, tiendas etc. Se planificó todo para que los turistas vinieran, compraran y comieran aquí.

se decidió desde el gobierno local que el llenar Conil de urbanizaciones con campos de golf y macro hoteles con todo incluido solamente dejaba beneficios a grandes empresas foráneas y los alejaba de nuestro pueblo y de nosotros, por eso se hizo protagonista a los conileños y conileñas, así se decidió, por el bien de la gente del pueblo. En contra del modelo que en ese momento dominaba en casi todos los destinos turísticos y ciudades vecinas. Lo que parecía algo utópico se transformó en algo real.

Por esto somos líderes, porque nuestros políticos supieron apostar por un modelo turístico de protección medio ambiental, en el cual se creara y se generara una economía equitativa y justa, donde todos se pudiesen beneficiar de ella, gracias a un modelo de sinergia entre grandes y pequeñas empresas que cubriesen todas las necesidades del pueblo (Así de bonito lo narran quienes nos visitan  (31) Conil, qué ver en un día... - YouTube).

Por suerte aquí se le dijo no al ladrillazo y prevaleció el verde de la tierra al gris de cemento.

Lo más importante de todo es que otra vez se le ha vuelto a decir que No, en Conil con la protección medio ambiental no se juega.

Por eso no creo que sea justo lo que esos muros de Facebook indican. Lo justo sería arrimar el hombro y no vocear a los cuatro vientos o escribir mediante perfiles falsos que Conil es un desastre. Cuando las cifras indican lo contrario y los deja retratados, a pesar de esto no cesan en el empeño de intentar convencer a otros y con métodos muy cuestionables.

Todo no vale en política.

Fdo. Un conileño que ama su pueblo y siempre está en por de seguir construyendo un mejor Conil.




miércoles, 1 de septiembre de 2021

La Transición Verde Injusta

Reproduzco este magnífico artículo. publicado en El Salto nº 53, para reflexionar sobre él y sobre todo para que se haga sobre lo que plantea por parte de la izquierda transformadora. Hace poco tuve un debate en este sentido (mucho más ligero por supuesto) sobre una ordenanza municipal del Impuesto de Vehículos de tracción mecánica ya que con perspectiva "ecológica" se primaba a los coches eléctricos e híbridos y se penalizaba a los viejos que son aquellos que tienen los menos pudientes ya que les es imposible adquirir uno de los otros.

José Ramón Mendoza


La Transición Verde Injusta

La lucha contra la crisis climática pasa por el diseño de un sistema fiscal verde, pero este tendrá un efecto adverso si no consigue revertir la desigualdad y carga todo el peso sobre los de abajo.

A finales de noviembre de 2018, las carreteras de Francia se llenaron de barricadas de neumáticos ardiendo y las ciudades rebosaron de manifestaciones multitudinarias que recordaron las más salvajes huelgas generales. Las rotondas se bloquearon con barreras humanas con ese peculiar color de los chalecos reflectantes que se nos obliga a llevar cuando se avería un vehículo en la carretera. Por este motivo, al movimiento ciudadano, que no respondía a ninguna afiliación política, se lo llamó “los chalecos amarillos”. La razón del enfado que movilizó a miles de personas no fue una reforma laboral ni un caso de corrupción de algún gobierno; fue un impuesto de carácter medioambiental.

El modelo de ciudad, con centros de trabajo alejados de barrios residenciales, y el diseño de la movilidad con la promoción del vehículo particular como medio de transporte común frente a la escasa inversión en transportes públicos, chocó de frente con un impuesto a los carburantes. Macron pretendía colgarse una medallita verde en su gestión contra la crisis climática incrementando el precio de los carburantes, pero no tuvo en cuenta algo tan obvio como que un impuesto regresivo siempre acaba recayendo sobre las rentas bajas. Tampoco que la paciencia de estas tiene un límite.

Han pasado más de dos años, una pandemia mundial y una nueva crisis económica y, vistos los debates sobre fiscalidad verde en el seno de la Unión Europea (UE) y de los parlamentos nacionales, parece que la lección que Macron debió aprender no ha sido tenida en cuenta por ninguno de los Estados miembro. Impuesto a los plásticos de un solo uso, impuestos a los carburantes, sobre la energía o al transporte por carretera, se plantean como soluciones para alcanzar una transición ecológica justa al mismo tiempo que aumentan los vuelos en jet privado libres de impuestos, los objetivos de reducción de emisiones son totalmente ignorados y las consecuencias de la crisis climática se hacen cada vez más palpables.

Así lo evidencia el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas publicado el 9 de agosto, donde se afirma que “muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios”. Ante esta situación de emergencia climática los gobiernos están tomando medidas para “acelerar el ritmo de transformación de nuestro modelo de desarrollo y de nuestro sistema económico”, en palabras de la Ministra de Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, en su rueda de prensa tras la publicación del informe.

Los impuestos ambientales son aquellos cuya base imponible consiste en una unidad física de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medio ambiente. Esta es la definición conjunta y armonizada a la que llegaron el Eurostat, la Comisión Europea (CE), la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OECD) y la Agencia Internacional de la Energía (IEA). En esta categorización se incluyen todos los impuestos sobre la energía y el transporte y se excluyen los impuestos del tipo valor añadido. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los impuestos sobre la energía suponen un 82,2% del total, los impuestos sobre el transporte el 13,4%, y los impuestos sobre la contaminación y los recursos un 4,4%.

Una de las principales medidas que está promoviendo la UE son esos impuestos ambientales, asumiendo, en teoría, la premisa de que quien más contamina más paga. Sin embargo, según el informe Propuestas de fiscalidad ambiental: avanzando hacia un mundo más justo y sostenible, publicado en 2019 por las cinco grandes organizaciones ecologistas del país —Ecologistas en Acción, SEO Birdlife, Greenpeace, Amigos de la Tierra y WWF—, España ocupa el puesto 25 de la Europa de los 28 en fiscalidad ambiental. Asimismo, es el quinto Estado que menos recauda en impuestos medioambientales en la UE según datos de Eurostat de 2019. La misma fuente asegura que la fiscalidad verde supone un 1,77% del PIB español, mientras que la media europea se sitúa en el 2,37%. Según el INE, los impuestos ambientales representaron el 7,9% del total de ingresos fiscales en 2019. De ese porcentaje, el 76,5% de los impuestos fueron sobre el transporte y el 52,5% sobre la energía. Los hogares pagaron un 53,5% de dichos impuestos, 1,9 puntos más que el año anterior, lo que muestra una preocupante tendencia para las familias.

Las nuevas medidas fiscales que se presentan como soluciones de una transición ecológica justa apuntan a incrementar el peso de dicha transición, vía impuestos, sobre los hogares y a convertir el sistema fiscal verde en una nueva trampa regresiva que acabe cayendo sobre los hombros de los que menos tienen y, consecuentemente, que menos contaminan.

Más gasolina (cara) al fuego

La falta de progresividad en el gravamen ambiental quizás tenga su expresión más sangrante en el transporte. Mientras que en el diésel y la gasolina, combustibles utilizados en el transporte por carretera tanto de mercancías como de particulares, se pagan unos impuestos que oscilan entre el 54 y el 46% respectivamente, la aviación, y concretamente los jet privados y de negocios, están exentos del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (RCDE UE), el principal instrumento de la UE para reducir de forma “económicamente eficaz” las emisiones de gases de efecto invernadero que fija el precio de las emisiones. A los jet privados no se les aplica ningún impuesto al queroseno ni siquiera en los vuelos nacionales. Sin embargo, el propietario medio de un avión privado posee una riqueza de aproximadamente 1.300 millones de euros y tan solo en una hora un avión privado puede emitir dos toneladas de CO2, mientras que una persona emite 8,2 toneladas de CO2 de media al año, según el último informe publicado por la organización Transport and Environment Aviones privados: ¿grandes fortunas para costear una aviación libre de emisiones? Algo muy similar y con datos igual de desequilibrados ocurre con el sector de los cruceros, también exento.

Los chalecos amarillos, que desarrollaron un argumentario muy potente en contra de que se gravara el combustible de los coches mientras el de los aviones estuviera totalmente exento de impuestos, lo sabían de sobra, pero parece que la CE no lo ve tan claro. Países como Francia ya tienen un impuesto al combustible de aviones, pero es más bajo que el de los carburantes de coche, explica a El Salto Jo Derdenne, responsable de aviación de Transport and Environment, que enumera otros Estados que han decidido tomar medidas, como los acuerdos bilaterales para gravar el carburante de los vuelos entre Alemania, Bélgica y Francia. “Algunos países del norte de Europa, como Noruega, Finlandia o Dinamarca, estaban hablando de poner una tasa del norte sobre el carburante”, afirma Derdenne, “pero la CE dijo que estaban planteándose eliminar la excepción y ahora estos países están a la espera de ver qué propone”, lamenta.

Pero, además, observando las propuestas de la UE, dentro de la aviación esa afirmación de “que pague más quien más contamina” tampoco se cumple. “La UE está proponiendo gravar los combustibles en vuelos intraeuropeos, con un impuesto en torno a 38 céntimos por litro de carburante, bastante bajo —comenta Derdenne—, pero para vuelos de empresas y privados sería la misma tasa a pesar de que son diez veces más contaminantes que los vuelos comerciales”.

En la misma línea apunta Blanca Ruibal, coordinadora de Amigos de la Tierra, al señalar que las diferentes propuestas, leyes y estrategias “de alguna manera aciertan en el qué, qué es lo que hay que hacer, pero no tienen en cuenta el quién, quién lo tiene que hacer”, como el claro ejemplo de equiparar del diésel y la gasolina, pero no ocuparse del queroseno en los jet privados y trasatlánticos. También fallan en el alcance: “La mayoría de las propuestas de la UE hablan de vuelos intraeuropeos, pero en realidad si tenemos en cuenta la cantidad de emisiones que genera la aviación dentro de la UE, tan solo el 40% de las emisiones proviene de vuelos intraeuropeos y el 60% corresponden a vuelos internacionales”, afirma Derdenne.

Carretera a la injusticia fiscal

Si bajamos al suelo, al asfalto, las nuevas propuestas de fiscalidad verde tampoco parecen tener en cuenta la fiscalidad progresiva. El Gobierno español ha planteado un sistema de pago por el uso de las carreteras que podría ser una realidad en 2024, bajo la premisa de “quien usa, contamina, y quien contamina, debe pagar más”. Pero, nuevamente, esta medida no tiene en cuenta la renta de quien usa la carretera o el modelo de movilidad en coche particular que predomina y que llevó a los chalecos amarillos a salir a la calle. 

Existen alternativas, defiende Mario Sánchez-Herrero Clemente, economista y fundador de Ecooo Energía Ciudadana. Argumenta que, del mismo modo que se debería instaurar un mercado mundial de derechos de emisión, donde “haya una permanente transferencia de dinero de los países ricos a los pobres” se podría hacer lo mismo internamente en un país atendiendo a la renta de los contribuyentes, totalmente progresivo y que incluso se podría aplicar también a la factura de la luz: “Usted que tiene este nivel de renta, que lo sabemos perfectamente porque está usted controlado por el impuesto sobre la renta, tiene una tarjeta en la que se va a cargar todo el consumo de combustible y le vamos a hacer un descuento en su factura de la luz equivalente al sobrecoste que le representan los nuevos impuestos medioambientales”.

Volviendo al ejemplo francés, Sánchez Herrero lo resume dirigiéndose a los posibles críticos: “Oye, chaleco amarillo, el carburante va a costar más, pero como lo vamos a hacer de esta manera, te va a costar menos porque eres pobre y al rico le va a costar más”. Con esa medida, afirma, se consigue que una parte de lo recaudado de los impuestos medioambientales vuelva a las economías menos pudientes y  “ganártelos para la causa”, además de incrementar una recaudación que se puede utilizar para invertir en infraestructuras que “reduzcan más la huella ecológica de la sociedad en su conjunto, pero muy concretamente de las personas en situación de vulnerabilidad”, apunta.

Impuestos de un solo uso

Otro de los temas centrales en el debate son los plásticos y la gestión de los residuos. Un caso paradigmático, según Ruibal, quien lamenta que se graven los plásticos de un solo uso cuando esa medida “no atiende a la realidad de quien contamina paga, porque quien contamina no es quien compra un producto de plástico, sino quien lo pone en el mercado”.

A dicho fallo en el enfoque y alcance del impuesto, se le suma que las distintas medidas y legislaciones pongan más el foco en la gestión que en la reducción de residuos. “La Ley de Residuos que está ahora en el Congreso es un fracaso”, afirma Ruibal, matizando que no se respeta la jerarquía de residuos marcada por la UE y “en ningún momento se habla de reducción, todo el rato se habla de la gestión”. Lo que le lleva a afirmar que “poner un impuesto cuando no has cambiado estructuralmente el sistema de gestión no tiene sentido”.

Las fábricas de humo verde

Como se aprecia en los datos del INE y en las quejas de las fuentes consultadas, los impuestos medioambientales se saltan a los productores y fabricantes para recaer en gran medida sobre los hogares. “Se va a dar una transformación brutal en todos los sectores económicos y en ninguno se está haciendo un plan de transición justa”, lamenta Ruibal, que además del ejemplo del impuesto a los plásticos que acaba pagando el consumidor y no el fabricante, también señala a diferencias dentro de sectores que favorecerán que sobreviva el más grande y que desaparezcan pequeñas empresas: “Siempre pongo el ejemplo de la agricultura, cuando se dice que hay que reducir el uso de pesticidas y no se dice quién, no hay plan de transición justa”.

Las consecuencias de estas medidas que no tienen en cuenta la progresividad dentro del amplio abanico de empresas y sus tamaños, apunta, “serán que la agricultura familiar se va a quedar atrás y que realmente van a ser los grandes empresarios que tengan miles de hectáreas, con toda la capacidad de inversión y tecnológica, las que puedan cumplir con las normativas ambientales”.

No hay transición si no es justa

Que es necesaria una urgente transformación de nuestra economía y de nuestros hábitos para luchar contra la crisis climática y cumplir los acuerdos internacionales es algo evidente y que solo negacionistas climáticos podrían debatir, pero, ¿vale cualquier cosa para reducir el cambio climático? ¿Qué significa una transición verde justa?

“El término transición justa se utiliza muy alegremente”, lamenta Ruibal al señalar que una de las principales metas de dicha transición por parte de las instituciones europeas y españolas es la generación de empleo. Como se vio en Francia, y según coinciden las personas expertas, una transición verde y justa no será posible sin una fiscalidad verde progresiva, y para ello se necesita una profunda reforma fiscal en la que se integre la fiscalidad ambiental que no sea utilizada como un mero instrumento recaudatorio. Una reforma que, según explican las cinco organizaciones ecologistas en el informe antes citado, traslade a sus responsables los costes ambientales, bonifique la realización de buenas prácticas que conlleven externalidades positivas para el conjunto de la sociedad, ayude a reducir desequilibrios sociales y dote de coherencia los actuales tributos autonómicos existentes. Un diseño que, insisten las organizaciones, “tenga una buena aceptación social, especialmente entre las capas más desfavorecidas de nuestra sociedad” y debe hacer un gran esfuerzo para “reducir la desigualdad y facilitar los comportamientos sostenibles a las clases menos favorecidas”.

Facilitar que esa transición esté a la mano de esas clases sociales es también una preocupación de Amigos de la Tierra: “Conseguir que las alternativas menos dañinas desde un punto de vista medioambiental sean accesibles”, o como resume Ruibal, “si un cepillo de dientes de bambú cuesta diez euros, no es una opción”. “Si a la vez que gravas, por ejemplo, el plástico no pones medidas para que las alternativas sostenibles sean más económicas, no funciona, y la consecuencia es que se genera mucho rechazo social”, anticipa la coordinadora de la organización ecológica.

Poner en el punto de mira a los que más tienen es una de las principales herramientas para hacer un sistema fiscal justo y progresivo, también en el caso de la transición verde. “La fiscalidad debe ser progresiva y primero de todo nos debemos fijar en los sectores más lujosos que, de hecho, deben contribuir más al esfuerzo económico que supone descarbonizar el total: aviones privados, cruceros y en las carreteras, los fabricantes de coches”, afirma Derdenne, que ve el terminar con el privilegio de algunos sectores del lujo como un paso imprescindible para avanzar hacia un sistema progresivo y que de paso “ayude a financiar la transición para la mayoría de la ciudadanía”.

Lucha medioambiental, lucha de clases

Las clases populares son las que sufren más la contaminación y tienen los empleos más tóxicos o peligrosos, por lo tanto, según Ruibal, “la lucha medioambiental es una lucha de clases”, pero eso todavía no parece estar claro en la mente de los dirigentes políticos. “Los chalecos amarillos son un ejemplo de cómo la gente ve amenazada su renta, su estilo de vida y su capacidad de llevar una vida buena por las medidas ambientales”, afirma. Por todo ello, “es fundamental poner el foco en quién paga y que las clases populares no se vean afectadas por estas medidas ambientales, porque solo con mucho consenso se puede conseguir”, finaliza.

Ese consenso, o “ganarte a los chalecos amarillos” como lo ha llamado Sánchez-Herrero, pasa por revertir el gran peso de la transición ecológica que se está cargando sobre las clases medias y bajas. “Si una parte importante de lo recaudado mediante impuestos medioambientales es vía impuesto directo, compensar económicamente a aquellos que se van a ver perjudicados es simplemente sentido común”, agrega Sánchez-Herrero.

Vientos de cambio, aunque no muy fuertes, soplan desde la OCDE en favor de un sistema fiscal global que ponga coto a la elusión y evasión de impuestos por parte de las grandes riquezas y corporaciones. Lo “verde” parece copar todas las líneas estratégicas de desarrollo económico de las instituciones supranacionales y estatales que han aprovechado la nueva crisis para dar una nueva vuelta de tuerca al capitalismo verde y a la mercantilización de la transición ecológica. Inundaciones en Alemania, olas de calor en Canadá o incendios en California muestran que la crisis climática está a las puertas, ya no solo de ciertos países del sur, sino de las primeras potencias del mundo.

Mientras, en la parte superior de la pirámide social, los dos hombres más ricos del planeta, Elon Musk y Jeff Bezos, se construyen sus juguetes para salir al espacio y emiten más gases de efecto invernadero que miles de familias en un año sin pagar ni un solo euro de impuestos por el queroseno de sus aventuras. Y en la parte baja de dicha pirámide aumenta la desigualdad, la pobreza y la mayoría social ve cómo el marco fiscal carga sobre sus hombros la responsabilidad de dar la vuelta a un sistema donde, en la mayoría de las ocasiones, pinta —y contamina— más bien poco. Cóctel perfecto para una transición injusta que pueda convulsionar los cimientos de nuestra sociedad globalizada y abra la puerta al ecofascismo. Una disyuntiva entre muchos chalecos amarillos muy cabreados o una transición verde justa que haga el planeta más habitable para todos. Una transición verde justa o la barbarie. 

 


 

jueves, 5 de agosto de 2021

Reconvertir ecológicamente nuestra sociedad. La adopción de medidas políticas y económicas de carácter ecológico favorecen la generación de puestos de trabajo

  “... las fuerzas productivas tienden a convertirse en fuerzas destructivas, en fuerzas de destrucción de la naturaleza”.

K Marx. Crítica e la Economía Política

En España la duda no está de moda y mucho menos la disidencia de la cultura política hegemónica. Proponer vías o soluciones municipales alternativas es de un tiempo a esta parte, objeto de críticas más o menos mordaces, sibilinas, agrias, fundamentadas o no. El último y cercano ejemplo lo tenemos con algunas de las reacciones a los recientes acuerdos adoptados por el Pleno de Conil de la Frontera de revisar su Plan General de Ordenación Urbana[1].

Críticas que sugieren ignorancia, desconocimiento, insolidaridad o atrevimiento de todo grupo o personas contra quienes van contra corriente. Así, estar contra los Organismos Genéticamente Modificados (vulgarmente llamados transgénicos) es como negarse a solucionar el problema del hambre en el mundo; recelar del tren de alta velocidad es como ser un talibán de la bici, alguien metido en su cueva y sin billete; proteger terrenos de alto valor ecológico salvándolos del ladrillo y el turismo no sostenible es como ser un enemigo de la creación de puestos de trabajo [2].

Sin embargo, la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien por donde se debe caminar en el sentido de dirigirnos hacia un modelo de desarrollo social y ecológico, sostenible en el tiempo y en el espacio. Un nuevo modelo de progreso en lo económico, en lo social y en lo ambiental que otorgue la capacidad de decisión, más poder, a los ciudadanos y ciudadanas, y que garantice un sistema democrático que suponga efectivamente el autogobierno, por los vecinos y vecinas, de las poblaciones y los territorios.

La realidad de la existencia de una crisis climática, ecológica y social, ésta hoy agudizada por la pandemia, es ya inocultable y afecta al agotamiento de recursos, al aumento de las temperaturas y la consiguiente desertización de territorios, a la pérdida irreparable de biodiversidad, natural y agrícola, a la degradación medioambiental de zonas crecientes del planeta, incluidos los mares y océanos; crisis de la que no escapa un llamado primer mundo que, compuesto por los países que se denominan desarrollados, cuya población ha estado hasta no hace mucho ajena a esta degradación de las constantes vitales del planeta; a los fenómenos asociados al cambio climático; a los ritmos decrecientes de la producción agrícola; a la escasez crónica de agua potable en cada vez más lugares del planeta; y a nuevas formas de feminización de la pobreza.

Estamos cruzando, si es que ya no lo hemos hecho umbrales de irreversibilidad en procesos físicos y biológicos que hacen nuestro modo de producir y consumir abiertamente insostenible. Además, naturalmente, de ser un modelo no exportable a todo el planeta. Hoy, a través de los estudios sobre la “huella ecológica” de nuestro modo de producir sabemos que a finales del pasado mes de julio se agotaron todos los recursos del planeta para lo que queda de año[3], lo que se conoce como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Cada año este día llega antes porque cada vez, nuestra huella ecológica es mayor.

 España ya agotó los recursos que teníamos para nuestro país incluso antes: el 25 de mayo. En cinco meses, ya nos lo habíamos pulido todo. Si todo el mundo viviera como la media española, necesitaríamos dos planetas y medio para abastecernos, para hacer este modelo extensible y generalizable a toda la humanidad y no hay más que un planeta. Este modelo que ya era inaceptable en las condiciones de un mundo no muy habitado se convierte en completamente inviable, insostenible e injusto en un mundo repleto de seres humanos. Pero este se acabó al menos desde comienzo de la década de los años sesenta.

En la actualidad, los problemas ecológico sociales se han convertido en parte sobresaliente de la agenda política, tanto supranacional (Unión Europea), estatal o municipal, lo que pone de manifiesto la existencia de un movimiento social que ha influido poderosamente sobre la opinión pública y en los gobiernos, al menos sobre el papel y en sus declaraciones con sus ministerios primero llamados de Medio y ahora, más modernamente de Transición Ecológica, pero que siguen aplicando en lo económico políticas neoliberales, sirva como ejemplo el de los fondos de Recuperación para Europa o NextGenerationEU (NGEU) que en realidad son en gran medida un plan de rescate a los grandes capitales financieros y que siguiendo las tesis del crecimiento ilimitado, son medidas que aumentarán los impactos ambientales.

Por el contrario la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien el centro de gravedad de una propuesta de desarrollo sostenido.

Por todo ello, tanto en el nivel estatal, como en el autonómico y el local, es necesario apostar por una  economía productiva y sostenible frente al predominio actual de la economía del consumo y la especulación. La creación de empleo estable y de calidad debe ser el objetivo prioritario de la política económica en una democracia avanzada. Una política macroeconómica que contribuya a elevar el potencial de crecimiento sostenible de nuestra economía, promueva el pleno empleo y procure una distribución más justa de la renta y la riqueza.

Las dos grandes movilizaciones ecologistas generales y locales están demostrando la gran sensibilización ambiental existente en parte de la sociedad española. Sensibilidad ambiental que se basa en el  convencimiento de que el actual modelo económico es social y ambientalmente insostenible a medio plazo, así como que se hace necesario considerar la necesidad de un compromiso de cambio de dimensiones estratégicas, en el que la participación y la transparencia no pueden quedarse sólo en palabras. Y es en este contexto de mayor sensibilización ambiental entre la ciudadanía donde los Ayuntamientos han asumir, como lo está haciendo el de Conil, el liderazgo político en el ámbito de la ecología política, del desarrollo sostenido. De un progreso humano sostenible.

Desarrollo sostenido y sostenible y empleo son dos objetivos íntimamente ligados y perfectamente compatibles por lo que se hace necesario establecer una batería de medidas que tengan por objetivo ampliar y diversificar el campo de la actividad económica que, satisfaciendo necesidades sociales no mejoren nuestro entorno natural y no sólo no frenen, sino que potencien el desarrollo de los municipios, necesidades que necesariamente se deben territorializar al máximo, preferiblemente sobre bases locales y/o comarcales, de carácter público, dada las dificultades de medir su rentabilidad.

Estas medidas deberán perseguir la eficiencia y suficiencia de la economía del territorio donde se apliquen, municipio, comarca, etc... , sirviendo para la disminución de nuestras necesidades energéticas y de las materias primas de nuestra economía que afectan a nuestra vida doméstica, y debiendo tener en cuenta que, aunque algunas medidas no implicaran necesariamente mayor empleo, si llevarán consigo mejor empleo.

Es preciso reconocer que una auténtica política ecológica podría reducir los puestos de trabajo en algunos sectores cuya reconversión ecológica es imposible o muy difícil. En conjunto, la adopción de medidas políticas, sociales y económicas de carácter ecológico tienden a favorecer la generación de puestos de trabajo; además los empleos derivados de la introducción de este tipo de medidas serán más numerosos ya que se generarán en actividades productivas que son generalmente, más intensivos en mano de obra, ya que tienden a sustituir el uso de energía y de recursos naturales por trabajo y por conocimientos humanos. Aunque esto no sucede así siempre, a veces la introducción de nuevas tecnologías de mayor eficiencia para la corrección ambiental en las industrias pueden favorecer un incremento de la productividad y por ello una menor intensidad de trabajo.

La introducción de políticas y medidas ambientales, por otra parte, generan normalmente un volumen importante de empleo en nuevas actividades que antes no existían: equipos industriales para la depuración de aguas o la descontaminación, energías renovables, sistemas de gestión ambiental en las empresas, realización de estudios de evaluación ambiental y de vigilancia y control, protección del medio natural, educación ambiental (reglada y no reglada), nuevos productos y servicios de carácter ecológico, agricultura ecológica...

Es importante tener en cuenta no sólo el volumen, sino también las características de ese empleo. En primer lugar tiene normalmente un marcado carácter local, pues tiende a sustituir productos importados por otros producidos en cercanía, porque se basa en la recuperación de materiales y la reutilización que se suele producir en circuitos más cortos y porque puede generar redes de trabajo y actividad más territoriales. Los procesos de globalización económica suelen generar, por el contrario, desequilibrios sociales y ecológicos.

Es en principio es un empleo menos sujeto a los vaivenes de la economía internacional y de los intereses de las compañías transnacionales, escasamente preocupadas por las condiciones de vida y de trabajo locales. Es también estable ya que las perspectivas para que se sigan desarrollando estos sectores medioambientales son muy elevadas, tanto en sistemas de corrección ambiental industrial en lo que queda mucho por hacer, como en sustitución de tecnologías y energías sucias por otras limpias o renovables en lo que también existen amplias perspectivas, o en el estudio y evaluación del medio ambiente o en actividades de reciclaje y recuperación, por poner solo algunos ejemplos para ilustrar esta afirmación.

Por el contrario, no podemos olvidar que una buena razón, para apoyar los sectores ecológicos generadores de empleo es que suelen implicar unas condiciones de riesgo y salud laboral más ventajosas que en las actividades tradicionales (contaminación radiactiva, uso de plaguicidas en agricultura, empleo de sustancias y procesos tóxicos en la industria...).

Conil de la Frontera. Agosto 2021

José Ramón Mendoza