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| Humedal de Castillnovo |
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| Garcilla frente a ala playa |
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| Humedal del paseo marítimo |
Los humedales, junto con los ríos pueden considerarse uno de
los mayores proveedores de los
denominados servicios “ecosistémicos”; o lo que es lo mismo generadores de los
que mayores beneficios que un
ecosistema aporta a la sociedad y que mejoran la salud, la economía
y la calidad de vida de las personas, con la particularidad de que son
generados por el propio funcionamiento de los ecosistemas.
Los humedales son sumideros de carbono y estabilizadores
climáticos esenciales a escala local y mundial ya que ejercen un papel
importante en la protección de las costas y, en las zonas urbanas de los paseos
marítimos[ii], suponen
un freno a las inundaciones y ayudan a paliar las sequías. Asimismo nos proveen
de aguas limpias, y recargan los acuíferos subterráneos, son por tanto vitales
tanto para la naturaleza y biodiversidad como para la supervivencia de personas.
Los humedales son soportes de una importante biodiversidad,
desempeñando un papel paisajístico de primer orden ya que son hábitats únicos
para una importante número de especies vegetales y animales como anfibios, reptes,
aves, mamíferos, insectos, etc., al proporcionar hábitats únicos que, además de
su importante valor ecológico, pueden ser aprovechados para la en la proporcionar
servicios culturales, educativos y recreativos.
A pesar de su importancia ecológica estos ecosistemas
acuáticos. Sin embargo, la importancia de este enorme y exclusivo patrimonio
natural ha sido tradicionalmente infravalorada y poco percibida por la sociedad
que incluso los consideraba insalubres, junto con la escasa conciencia
ambiental y la legislación[iii]
lo que ha llevado a que hayan sido, e incluso sean, los que más agresiones
reciben en todo del mundo y están desapareciendo a un ritmo mayor que el de
ningún otro ecosistema.
Las principales amenazas para los humedales son las derivadas de los
cambios de los usos del suelo, la urbanización de tipo residencial y turística
en los litorales, la alteración de su régimen hídrico, especialmente por
sobreexplotación de los acuíferos, pero también por la creación de infraestructuras
y la desecación de muchas de su superficie como consecuencia de la presión
agrícola. Todo ello sin olvidar que hay otras causas muy importantes que
contribuyen a su degradación como la contaminación y la introducción de
especies invasoras y, por supuesto el cambio climático, cuyo impacto ya es
evidente en los ecosistemas acuáticos.
Los usos agrícolas son una de las principales
causas de la desecación, alteración y degradación de estos humedales, tanto
gran parte de su superficie ha sido desecada al competir con ellos por los
recursos hídricos, superficiales y subterráneos, por el desarrollo de cultivos
intensivos, por la masiva utilización de abonos, pesticidas y plaguicidas, que
terminan incorporándose a los sistemas acuáticos a través de los excedentes de
aguas de riego. Aquí cerca tenemos un ejemplo claro de esas agresiones y esas
desapariciones en las ya mencionadas “Lagunas de la Janda”[iv].
Todas estas causas han llevado a que en la segunda mitad del siglo
pasado desapareciera alrededor de un sesenta por ciento de la superficie
ocupada por lagos y humedales. Proceso que aún no se ha detenido ya que todavía
son muchos los humedales que desaparecen cada año o son dañados de manera
importante por las actividades anteriormente mencionadas.
Ante esta situación, es imprescindible que las administraciones presten
la necesaria atención a la conservación de los humedales, especialmente
mediante su protección como zonas protegidas, tanto para evitar la creación de
desarrollos urbanísticos en su entorno así como de infraestructuras que les
afecten en su regeneración; sin olvidar la regulación y vigilancia de las
actividades agrarias en su entorno, una mejor gestión del recurso hídrico
impidiendo la sobreexplotación de los acuíferos y mejorando su depuración;
mayor vigilancia y denuncia de los vertidos y la caza furtiva, así como un
reconocimiento público de la importancia ecológica de nuestros humedales como
los que en Conil tenemos con fochas, ánades, garzas y garcillas, etc. frente al
paso marítimo y entre el río Salado y Castillnovo, donde la protección municipal
del prado ha evitado la presión urbanística sobre el mismo.
Cuidarlos y restaurarlos es muestra de madurez y responsabilidad hacia
las generaciones futuras y además una estrategia inteligente y rentable.
José Ramón Mendoza
Conil 2 de febrero de 2021
Ver la publicación de hoy en ecologistasenacción:
[i] La Laguna de la Janda
fue durante muchos años el humedal interior más extenso de España y uno de los
de mayor importancia ecológicamente de Europa y que, siendo un paraíso para las
aves carece de protección legal. Ver: https://www.lagunalajanda.org/
[ii] Como es el caso de Conil y su paseo marítimo.
[iii] La legislación
franquista potenciaba la desecación de humedales por considerarlos insalubres
[iv] Esta Laguna fue
desecada para la utilización como tierras agrícolas hace más de treinta años,
pero las actividades agrarias que se realizan en esa zona no han sido tan
rentables como se pretendía. Desde entonces, y con cierta frecuencia, la zona
se ha visto inundada por los desbordamientos del río Barbate y Almodóvar en
Cádiz. En los últimos años el paisaje agrícola de La Janda, que estaba formado
por cultivos poco rentables de maíz, girasol, algodón o sorgo, ha pasado a ser
un monocultivo de arroz, lo que supera toda racionalidad: se desecó una laguna
para después inundarla para el cultivo de arroz, para lo que a su vez ha sido
necesario construir el pantano del Barbate, que ha inundado miles de hectáreas
de valiosos bosques y pastizales. Ecologistasenacción 2016.


