“... las fuerzas productivas tienden a convertirse en fuerzas destructivas, en fuerzas de destrucción de la naturaleza”.
K Marx. Crítica e la Economía Política
En España la duda no está de moda y mucho menos la disidencia de la cultura política hegemónica. Proponer vías o soluciones municipales alternativas es de un tiempo a esta parte, objeto de críticas más o menos mordaces, sibilinas, agrias, fundamentadas o no. El último y cercano ejemplo lo tenemos con algunas de las reacciones a los recientes acuerdos adoptados por el Pleno de Conil de la Frontera de revisar su Plan General de Ordenación Urbana[1].
Críticas que sugieren ignorancia,
desconocimiento, insolidaridad o atrevimiento de todo grupo o personas contra
quienes van contra corriente. Así, estar contra los Organismos Genéticamente
Modificados (vulgarmente llamados transgénicos) es como negarse a solucionar el
problema del hambre en el mundo; recelar del tren de alta velocidad es como ser
un talibán de la bici, alguien metido en su cueva y sin billete; proteger
terrenos de alto valor ecológico salvándolos del ladrillo y el turismo no sostenible es como ser un enemigo de la
creación de puestos de trabajo [2].
Sin embargo, la idea de un cambio de modelo social, económico y
político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede
sintetizar muy bien por donde se debe caminar en el sentido de dirigirnos hacia
un modelo de desarrollo social y ecológico, sostenible en el tiempo y en el
espacio. Un nuevo modelo de progreso en lo económico, en lo social y en lo
ambiental que otorgue la capacidad de decisión, más poder, a los ciudadanos y
ciudadanas, y que garantice un sistema democrático que suponga efectivamente el
autogobierno, por los vecinos y vecinas, de las poblaciones y los territorios.
La realidad de la existencia de una crisis climática, ecológica y
social, ésta hoy agudizada por la pandemia, es ya inocultable y afecta al
agotamiento de recursos, al aumento de las temperaturas y la consiguiente
desertización de territorios, a la pérdida irreparable de biodiversidad,
natural y agrícola, a la degradación medioambiental de zonas crecientes del
planeta, incluidos los mares y océanos; crisis de la que no escapa un llamado primer
mundo que, compuesto por los países que se denominan desarrollados, cuya
población ha estado hasta no hace mucho ajena a esta degradación de las
constantes vitales del planeta; a los fenómenos asociados al cambio climático;
a los ritmos decrecientes de la producción agrícola; a la escasez crónica de
agua potable en cada vez más lugares del planeta; y a nuevas formas de feminización
de la pobreza.
Estamos cruzando, si es que ya no lo hemos hecho
umbrales de irreversibilidad en procesos físicos y biológicos que hacen nuestro
modo de producir y consumir abiertamente insostenible. Además, naturalmente, de
ser un modelo no exportable a todo el planeta. Hoy, a través de los estudios
sobre la “huella ecológica” de nuestro modo de producir sabemos que a finales
del pasado mes de julio
se agotaron todos los recursos del planeta para lo que queda de año[3], lo
que se conoce como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Cada año este día
llega antes porque cada vez, nuestra huella ecológica es mayor.
En
la actualidad, los problemas ecológico
sociales se han convertido en parte sobresaliente de la agenda política, tanto
supranacional (Unión Europea), estatal o municipal, lo que pone de manifiesto
la existencia de un movimiento social que ha influido poderosamente sobre la
opinión pública y en los gobiernos,
al menos sobre el papel y en sus declaraciones con sus ministerios primero
llamados de Medio y ahora, más modernamente de Transición Ecológica, pero que
siguen aplicando en lo económico políticas neoliberales, sirva como ejemplo el de
los fondos de Recuperación para Europa o NextGenerationEU (NGEU) que en
realidad son en gran medida un plan de rescate a los grandes capitales
financieros y que siguiendo las tesis del crecimiento ilimitado, son medidas
que aumentarán los impactos ambientales.
Por el
contrario la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el
marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien el
centro de gravedad de una propuesta de desarrollo sostenido.
Por todo
ello, tanto en el nivel estatal, como en el autonómico y el local, es necesario
apostar por una economía productiva y
sostenible frente al predominio actual de la economía del consumo y la
especulación. La creación de empleo estable y de calidad debe ser el objetivo
prioritario de la política económica en una democracia avanzada. Una política
macroeconómica que contribuya a elevar el potencial de crecimiento sostenible
de nuestra economía, promueva el pleno empleo y procure una distribución más
justa de la renta y la riqueza.
Las
dos grandes movilizaciones ecologistas generales y locales están demostrando la
gran sensibilización ambiental existente en parte de la sociedad española.
Sensibilidad ambiental que se basa en el
convencimiento de que el actual modelo económico es social y
ambientalmente insostenible a medio plazo, así como que se hace necesario
considerar la necesidad de un compromiso de cambio de dimensiones estratégicas,
en el que la participación y la transparencia no pueden quedarse sólo en
palabras. Y es en este contexto de mayor sensibilización ambiental entre la
ciudadanía donde los Ayuntamientos han asumir, como lo está haciendo el de
Conil, el liderazgo político en el ámbito de la ecología política, del
desarrollo sostenido. De un progreso humano sostenible.
Desarrollo sostenido y sostenible y empleo son dos objetivos
íntimamente ligados y perfectamente compatibles por lo que se hace necesario
establecer una batería de medidas que tengan por objetivo ampliar y
diversificar el campo de la actividad económica que, satisfaciendo necesidades
sociales no mejoren nuestro entorno natural y no sólo no frenen, sino que
potencien el desarrollo de los municipios, necesidades que necesariamente se
deben territorializar al máximo, preferiblemente sobre bases locales y/o
comarcales, de carácter público, dada las dificultades de medir su
rentabilidad.
Estas medidas deberán perseguir la eficiencia y
suficiencia de la economía del territorio donde se apliquen, municipio,
comarca, etc... , sirviendo para la disminución de nuestras necesidades
energéticas y de las materias primas de nuestra economía que afectan a nuestra
vida doméstica, y debiendo tener en cuenta que, aunque algunas medidas no
implicaran necesariamente mayor empleo, si llevarán consigo mejor empleo.
Es preciso
reconocer que una auténtica política ecológica podría reducir los puestos de
trabajo en algunos sectores cuya reconversión ecológica es imposible o muy
difícil. En conjunto, la adopción de
medidas políticas, sociales y económicas de carácter ecológico tienden a
favorecer la generación de puestos de trabajo; además los empleos derivados de
la introducción de este tipo de medidas serán más numerosos ya que se generarán
en actividades productivas que son generalmente, más intensivos en mano de
obra, ya que tienden a sustituir el uso de energía y de recursos naturales por
trabajo y por conocimientos humanos. Aunque esto no sucede así siempre, a veces
la introducción de nuevas tecnologías de mayor eficiencia para la corrección
ambiental en las industrias pueden favorecer un incremento de la productividad
y por ello una menor intensidad de trabajo.
La introducción de políticas y medidas ambientales, por otra
parte, generan normalmente un volumen importante de empleo en nuevas
actividades que antes no existían: equipos industriales para la depuración de
aguas o la descontaminación, energías renovables, sistemas de gestión ambiental
en las empresas, realización de estudios de evaluación ambiental y de
vigilancia y control, protección del medio natural, educación ambiental
(reglada y no reglada), nuevos productos y servicios de carácter ecológico,
agricultura ecológica...
Es importante tener en cuenta no sólo el volumen, sino también las
características de ese empleo. En primer lugar tiene normalmente un marcado
carácter local, pues tiende a sustituir productos importados por otros
producidos en cercanía, porque se basa en la recuperación de materiales y la
reutilización que se suele producir en circuitos más cortos y porque puede
generar redes de trabajo y actividad más territoriales. Los procesos de
globalización económica suelen generar, por el contrario, desequilibrios
sociales y ecológicos.
Es
en principio es un empleo menos sujeto a los vaivenes de la economía
internacional y de los intereses de las compañías transnacionales, escasamente
preocupadas por las condiciones de vida y de trabajo locales. Es también
estable ya que las perspectivas para que se sigan desarrollando estos sectores
medioambientales son muy elevadas, tanto en sistemas de corrección ambiental
industrial en lo que queda mucho por hacer, como en sustitución de tecnologías y
energías sucias por otras limpias o renovables en lo que también existen
amplias perspectivas, o en el estudio y evaluación del medio ambiente o en
actividades de reciclaje y recuperación, por poner solo algunos ejemplos para
ilustrar esta afirmación.
Por
el contrario, no podemos olvidar que una buena razón, para apoyar los sectores
ecológicos generadores de empleo es que suelen implicar unas condiciones de
riesgo y salud laboral más ventajosas que en las actividades tradicionales
(contaminación radiactiva, uso de plaguicidas en agricultura, empleo de
sustancias y procesos tóxicos en la industria...).
Conil
de la Frontera. Agosto 2021
José
Ramón Mendoza
[1] Conil revisará su PGOU para proteger el entorno del
río Roche - http://serlajanda.com/pgou-castilnovo/

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