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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Reconvertir ecológicamente nuestra sociedad y nuestros pueblos

La adopción de medidas políticas y económicas de carácter ecológico impulsa la generación de puestos de trabajo

José Ramón Mendoza

“... en el industrialismo, las fuerzas productivas tienden a convertirse en fuerzas destructivas, en fuerzas de destrucción de la naturaleza”.

(K. Marx. Crítica de la Economía Política)

La duda no está de moda y mucho menos la disidencia. Proponer vías alternativas o repensar soluciones estatales, autonómicas y/o municipales han sido y siguen siendo, objeto de críticas más o menos mordaces, sibilinas, agrias, fundamentadas o no. Críticas que sugieren ignorancia, d

esconocimiento, insolidaridad o atrevimiento, cuando no intereses económicos.

Estar contra los Organismos Genéticamente Modificados (vulgarmente llamados transgénicos) es como negarse a solucionar el problema del hambre en el mundo, recelar del tren de alta velocidad es como ser un talibán de la bici, un neardenthal en su cueva y sin billete.

Sin embargo, la idea de un cambio de modelo social, económico y político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien por donde se debe caminar para dirigirnos hacia un modelo de desarrollo sostenido. Un nuevo modelo de desarrollo económico y social que de más capacidad de decisión, más poder, a los ciudadanos y ciudadanas, y que garantice un sistema democrático que suponga efectivamente el autogobierno, por los vecinos y vecinas, de las poblaciones y los territorios.

La realidad de la existencia de una crisis ecológica y social es ya inocultable y afecta al agotamiento de recursos; a la pérdida irreparable de biodiversidad; a la degradación medioambiental de zonas crecientes del planeta, incluido el primer mundo, ajeno hasta ahora a esta degradación de las constantes vitales de la Tierra; a los fenómenos asociados al cambio climático; a los ritmos decrecientes de la producción agrícola; a la escasez crónica de agua potable en cada vez más lugares del planeta; a nuevas formas de feminización de la pobreza y del hambre.

No hay duda de que hemos cruzado umbrales de irreversibilidad en procesos físicos y biológicos que hacen nuestro modo de producir y consumir abiertamente insostenible. Además, naturalmente, de ser un modelo no exportable a todo el planeta. Hoy sabemos a través de los estudios sobre la “huella ecológica” de nuestro modo de producir que necesitaríamos tres planetas Tierra para hacer este modelo extensible y generalizable a toda la humanidad y no hay ni habrá tres planetas tierra. Este modelo que ya era inaceptable en las condiciones de un mundo poco habitado se convierte, ya desde la década de los sesenta del pasado siglo, en completamente inviable, insostenible e injusto en un mundo repleto de seres humanos y con un modo de producción, el capitalista, mundializado.

En la actualidad, los problemas ecológico/sociales se han convertido en parte sobresaliente de la agenda política, tanto supranacional (Unión Europea), estatal o municipal, gracias sobre todo a la existencia de un movimiento social que ha influido poderosamente sobre la opinión pública y las prioridades de los gobiernos.

La idea de un cambio de modelo social y económico que también tiene que ser político en el marco de unas nuevas relaciones con la naturaleza, puede sintetizar muy bien el centro de gravedad de una propuesta de desarrollo sostenido...

Por todo ello, tanto en el nivel estatal, como en el autonómico y el local, es necesario apostar por una  economía productiva y sostenible frente al predominio actual de la economía del consumo (incluido el sector turístico) y la especulación. La creación de empleo estable y de calidad debe ser el objetivo prioritario de la política económica en una democracia avanzada y, por ende de un gobierno que se autodefine de izquierdas. Una política macroeconómica que contribuya a elevar el potencial de crecimiento sostenible de nuestra economía, promueva el pleno empleo y procure una distribución más justa de la renta y la riqueza. España sigue ostentando el récord europeo del paro y la precariedad en el empleo, que afectan sobre todo a la juventud y a las mujeres. Los servicios sociales, escasamente desarrollados en nuestro país, deben formar parte de una estrategia por el empleo.

Día a día crece una sensibilidad ambiental; sensibilidad que debe transformarse en una conciencia ecológica-política basada en el convencimiento de que el actual modelo económico es social y ambientalmente insostenible a medio plazo lo que hace necesario un compromiso de cambio de dimensiones estratégicas, en el que la participación y la transparencia no pueden quedarse sólo en palabras. Y es en este contexto de mayor sensibilización ambiental entre la ciudadanía donde los Ayuntamientos pueden asumir el liderazgo político en el ámbito de la ecología política, del desarrollo sostenido.

Desarrollo sostenido y sostenible y empleo son dos conceptos íntimamente ligados por lo que se hace necesario establecer una batería de medidas que tengan por objetivo ampliar el campo de la actividad económica, satisfaciendo necesidades sociales que mejorando nuestro entorno natural no sólo no frenen, sino que potencien el desarrollo del municipio, necesidades que necesariamente se deben territorializar al máximo, preferiblemente sobre bases locales y/o comarcales, de carácter público, dada las dificultades de medir su rentabilidad.

Estas medidas perseguirán la eficiencia y suficiencia de la economía del territorio donde se apliquen, municipio, comarca, etc... , sirviendo para la disminución de nuestras necesidades energéticas y de materias primas de nuestra economía, teniendo en cuenta que algunas medidas no implican necesariamente mayor empleo, pero si llevan consigo mejor empleo.

Aunque la adopción de medidas políticas y económicas de carácter ecológico favorece la generación de puestos de trabajo, es preciso reconocer que una auténtica política ecológica podría reducir los puestos de trabajo en algunos sectores cuya reconversión ecológica es imposible o muy difícil.

Sin embargo proyectos derivados de la introducción de medidas ecológicas son generalmente, más intensivos en mano de obra, ya que tienden a sustituir el uso de energía y de recursos naturales por trabajo y conocimiento humano. La introducción de nuevas tecnologías de mayor eficiencia para la corrección ambiental en las industrias favorecerá un incremento de la productividad y por ello una menor intensidad de trabajo; aunque en la economía capitalista esto no sucede prácticamente nunca.

La introducción de políticas y medidas ambientales, por otra parte, generan normalmente un volumen importante de empleo en nuevas actividades que antes no existían: energías renovables, equipos industriales para la depuración de aguas o la descontaminación, sistemas de gestión ambiental en las empresas, realización de estudios de evaluación ambiental y de vigilancia y control, protección del medio natural, educación ambiental (reglada y no reglada), nuevos productos y servicios de carácter ecológico. Todo ello sin olvidar que el diseño urbanístico tiene una importancia capital para ir hacia una localidad ecológica ya que influye en la gestión de residuos, el consumo energético e hídrico, etc., lo que merece un tratamiento aparte.

Es importante tener en cuenta no sólo el volumen, sino también las características de ese empleo. En primer lugar tiene normalmente un marcado carácter local, pues tiende a sustituir productos importados por otros de cercanía ya que se basa en la recuperación de materiales y la reutilización que se suele producir en circuitos más cortos y porque puede generar redes de trabajo y actividad más territoriales. Los procesos de globalización económica generan, por el contrario, desequilibrios sociales y ecológicos.

En principio es un empleo menos sujeto a los vaivenes de la economía internacional y de los intereses de las compañías transnacionales, escasamente preocupadas por las condiciones de vida y de trabajo locales. Es también estable ya que las perspectivas para que se sigan desarrollando estos sectores son muy elevadas, tanto en sistemas de corrección ambiental/industrial en lo que queda mucho por hacer, como en sustitución de tecnologías sucias por otras limpias o renovables en lo que también existen amplias perspectivas, o en el estudio y evaluación del medio ambiente o en actividades de reciclaje y recuperación, por poner solo algunos ejemplos para ilustrar esta afirmación.

Conil de la Frontera. Septiembre 2020.

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