Lo que a continuación está expresado no son más que reflexiones hechas una semana después de los resultados del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, preocupaciones que he ido anotando en estos días, que no quise hacer en caliente y por ello he dejado transcurrir este tiempo antes de pasarlas al papel. No pretendo con ellas más que, además de seguramente desahogarme, el que puedan servir para algo. No son un texto completo y la única relación entre unas y otras es la de ser pensamientos sobre una situación que debe ser revertida.
José Ramón Mendoza
Muchos,
por no decir la mayoría, de los análisis
que desde la izquierda se hacen estos días centran todo, los aciertos y
los fracasos no en los errores de una política de la izquierda alejada de los
problemas reales; de lo que preocupa a la gente de zonas y barrios obreros,
donde no se la atendía ni se auxiliaba: reforma laboral, vivienda, SMI, Renta
Básica Universal y un largo etcétera de necesidades no cubiertas..
Un
error fundamental de la denominada “nueva izquierda” de la que ha sido suicidamente seguidista la izquierda transformadora, es
decir IU, ha consistido en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender lo
que esa espontaneidad y las reivindaciones de las masas (léase 15M) exigen de
nosotros y que no es otra cosa que una elevada conciencia. Cuanto más poderoso
es el auge espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento,
tanto mayor, incomparablemente mayor, es la rapidez con que aumenta la
necesidad de una elevada conciencia, tanto en el trabajo teórico de Izquierda
Unida, como en el político y de organización. No podemos dejar de lado que
estamos en minoría y que por lo tanto hay que desarrollar una paciente labor de
esclarecimiento y propaganda, propaganda y organización.
Lenin,
dijo "que la revolución no se hace, sino que se organiza". Y esto
mismo tenemos que decir ahora desde Izquierda Unida: la transformación de la
sociedad no se hace “se organiza”: a los gobiernos de Ayuso, Moreno y Cía
tenemos que oponer ya la lucha organizada.
Así,
parafraseando a Gramsci, debemos instruir porque tendremos necesidad de toda la
inteligencia del pueblo; debemos agitar, porque tendremos necesidad de todo su
entusiasmo y debemos organizar, porque tendremos necesidad de toda su fuerza.
Sólo así podremos acabar con la diferencia que existe entre la representación
política en las urnas y la realidad social de los electores.
Esta
realidad nos exige plantear un análisis pormenorizado de la realidad social
madrileña y una reelaboración y adecuación las estrategias electorales y de
movilización política llevadas a cabo hasta el momento, en nuestra búsqueda por
defender un modelo de gestión alternativo.
Lo
que permanece es la dimensión estructural, configurada por
el sistema productivo y las relaciones de producción.
Eso supone que la mayoría de los trabajadores, tanto por cuenta propia como
asalariados, estén encuadrados en los sectores de servicios, muy sensibles a
los efectos coyunturales de la pandemia. Por otra parte, la mayoría del tejido
productivo lo configuran pequeñas y medianas empresas, para las que la carga
impositiva en un tema sensible, fácilmente manipulable. Conforman
una amplia clase media propietaria y asalariada a la que aterra la
incertidumbre económica, horroriza la posibilidad de perder patrimonio y empleo.
Como consecuencia buscan la seguridad de lo conocido, y son fácil de manipular
ideológicamente. De ahí que la propuesta electoral de Gabilondo prometiendo que
no se subiría los impuestos y que dejaría abiertos los locales, aunque con el
innecesario (y contraproducente veto a Unidas Podemos), estuviera inicialmente
enfocada a ganarse no solo a los votantes de ciudadanos huérfanos de partido,
sino a los antiguos votantes socialistas que participan de las inquietudes y
preocupaciones señaladas. El problema es que no resulta factible, ni creíble,
un enfoque coyuntural (ni ahora con la pandemia, ni en 2008
con la Gran Recesión) sin una base estratégica que plantee
soluciones realistas a las preocupaciones de la mayoría social acordes con el
inevitable desarrollo de las trasformaciones productivas. Ese es el gran
desafío.[i]
Hay
que comprender el voto del camarero y la camarera que con trabajos precarios como
consecuencia de las medidas adoptadas para frenar y acabar con la pandemia, se
ven sin ni siquiera esos, vean una salida en las ofertas de Ayuso ya que la
extrema derecha es hábil para sacar partida de la falta de expectativas y
generar adhesión fomentando identidades nacionalistas y autoritarias.
La
ultraderecha, en nombre de la libertad burguesa e individual, está poniendo en
marcha una revolución cultural e ideológica, y la está consumando. A la
ultraderecha se le combate en la batalla por las ideas, en el trabajo paciente,
y sobre todo ofertando una alternativa creíble, que otorgue optimismo y
confianza a las clases medias y trabajadoras. Las clases medias, que ahora
están asustadas, son las que están aupando al autoritarismo tanto en el Estado
como en Europa, porque consideran que hay una escalera social en la que siempre
les ha tocado subir, y ahora están bajando y proletarizándose. Si no sabemos
entender ese miedo y darles una seguridad, esas clases medias votarán de forma
reaccionaria. Las izquierdas necesitan recuperar su relato, su narrativa.
Acerca de Izquierda Unida
Izquierda
Unida debe ser una organización política y social con Plena soberanía en todos
los aspectos de su práctica política, social e institucional, con plena
autonomía para proponer y difundir sus propuestas políticas estando más presente entre los trabajadores y
aumentando su presencia en su organización.
La
transformación de la sociedad no pasa por la universidad, pasa por las calles,
las plazas, las fábricas y lugares de trabajo, por el campo y también por las
aulas; y esto hay que entenderlo; los cambios los hacen la gente; la hacen los
pueblos y los hacen, o los deben hacer esencialmente, los trabajadores.
Trabajar
por una política de alianzas unitaria, que puede incluir acuerdos electorales y
de Gobierno, sobre la base de programas políticos pactados desde la soberanía
política y orgánica y el equilibrio democrático entre las fuerzas firmantes, y
la unidad de acción en la movilización con los movimientos sociales y otras
fuerzas, de acuerdo con los objetivos concretos de cada lucha y sus
circunstancias específicas.
Las
políticas de alianzas y de convergencia son necesarias, tanto para gobernar,
como para crear y fortalecer formas de unidad popular, teniendo claro que tanto
unas como otras no deben ser confundidas con fusiones organizativas con otras
fuerzas, con la finalidad de construir
frentes amplios sobre programas de mínimos en el que todas las izquierdas, las
de ámbito estatal y las de escala regional e, incluso local, tienen un espacio
amplio para colaborar.
La
Unidad Popular no es Unidas Podemos, es algo más y es otra cosa, hay más
fuerzas políticas y sociales. La unidad popular no es organizativa, es social y
política, plural y democrática; incluye una gran variedad de fuerzas y de
formas según las condiciones de cada lugar, que van desde la confluencia con
los sindicatos o las organizaciones sociales para una movilización hasta un
acuerdo de coalición electoral o de gobierno.
Para terminar
Al
comenzar estas reflexiones decidí no hablar de Pablo Iglesias pero la realidad
es la que lo que me obliga a hacer una, aunque breve última meditación: En su
despedida, que personalmente respeto, pero que políticamente no puedo aceptar,
dijo “dejo la política, ya no sumo”. Con esta frase se puede resumir cual ha
sido y es el problema de la “nueva
izquierda” y que no es otro que el del “hiperliderazgo”. Y de nuevo, en lugar
de reflexionar, más de lo mismo. Ahora se busca sustituir un hiperliderazgo
(PI) por otro, la compañera Yolanda que debe tener todo el apoyo para que
coordine -no lidere que no es lo mismo- un proyecto colectivo. Desde mi modesto
punto de vista, en esos análisis y comentarios, de nuevo falta autocrítica y
sobra personalismo. Pablo Iglesias no ha sido el responsable de esa derrota sin
paliativos, como tampoco lo hubiera sido de unos buenos resultados.

Creo sinceramente que haces un buen análisis y buena reflexión. Lo triste es que las izquierdas que insn a unirse a la reaccionaron tarde. Iglesias no se ha cortado la coleta de pero a tirado la toalla. IU ha de espabilarse y analizar sin apasionamiento lo sucedido. Lo conseguido el 15 de mayo no se puede perder, sabíamos lo que queríamos, pero y ahora???
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