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domingo, 6 de diciembre de 2020

Mujer, explotación y naturaleza

 «…el hombre vive de la naturaleza, es decir, la naturaleza es su cuerpo y debería mantener un diálogo continuo con ella si no quiere morir. Decir que la vida física y mental del hombre está vinculada a la naturaleza significa, sencillamente, que la naturaleza está relacionada con ella misma, puesto que el hombre forma parte de la naturaleza» K. Marx. “Manuscritos de Economía y Filosofía”

“... las mujeres eran en todas partes las primeras en protestar contra la destrucción del medio ambiente”. Maria Mies y Vandana Shiva, 1993

La situación de supervivencia se da en muchos hogares, pero especialmente en aquellos de familias desfavorecidas, pero también en los de las clases trabajadoras cada vez más vulnerables por la precariedad del empleo; hogares sostenidos mayoritariamente por mujeres. Supervivencia que las mujeres sobrellevan mediante el ajuste de necesidades, el ahorro y aprovechamiento, conocimientos globales, el respeto a los ciclos de la vida… en suma, una concepción natural de las cosas. Lo contrario a esto es el mercado: acumulación hasta el crecimiento infinito.

La unión entre vida doméstica y medio ambiente es íntima, incluso en nuestro urbano y tecnificado mundo occidental basado en un sistema que se mantiene por medio de la subordinación y explotación de los trabajadores y trabajadoras, de las mujeres sin trabajo remunerado, indispensables en el sistema capitalista para la reproducción social y, por supuesto de la naturaleza.

El sistema de producción capitalista trae consigo la explotación de las clases trabajadoras, hombres y mujeres –estas en su doble condición de trabajadoras y mujer-, y para ello tiene al patriarcado como uno de sus mejores instrumentos para el mantenimiento del sistema pues consigue a través de la división sexual del trabajo el sostenimiento y reproducción de su modo de producción.

Junto con la explotación directa de la clase obrera e indirecta del conjunto de las clases trabajadoras, la destrucción de la naturaleza y la opresión de la mujer a favor de la acumulación capitalista no sólo son consustanciales al actual modo de producción, sino que, tanto una como la otra, son imprescindibles para su reproducción aún a costa de una crisis ecológica y social que afectando a la vida del planeta, la sufren especialmente las mujeres y  muy especialmente las mujeres pobres. Ése es el escenario actual y el punto del que debemos partir, la realidad que se quiere cambiar.

Junto con la relación capital trabajo, y no en grado inferior a esta, hay que poner la cuestión social, la cuestión ecológica y la desigualdad real entre mujeres y hombres, en el primer plano de una política transformadora ya que es necesario hacer cambiar una sociedad basada en la explotación de mujeres trabajadoras y cuidadoras, de hombres trabajadores, además de la que sufren las mujeres por el hecho de serlo y de la apropiación y destrucción de la naturaleza por parte del capital. No habrá emancipación social si simultáneamente no hay emancipación de la mujer y la naturaleza deja de ser un recurso más para la acumulación capitalista.

Como dice Yayo Herrero en Mundo Obrero, "No se puede hablar de ecologismo ni de feminismo sin hablar de lucha de clases".

Cualquier solución a la crisis ecológica no puede basarse sólo en el ambientalismo; por el contrario debe estar asentada en el socialismo y el feminismo. Pero también  el socialismo debe ser tanto feminista como ecologista e, igualmente, el feminismo que aboga por la igualdad de oportunidades siempre estará muy limitado si no critica la insostenibilidad de las sociedades capitalistas actuales, basadas en la explotación de las clases trabajadoras y el expolio de los recursos naturales. Para ser socialista hay que ser al mismo tiempo ecologista y feminista; así como para ser feminista o ecologista hay que luchar por superar el modo de producción capitalista.

Igual que hay un Ecosocialismo, existe un Ecofeminismo

El ecofeminismo es una filosofía y una práctica que nace de la cercanía histórica de mujeres y naturaleza; una corriente de pensamiento y de activismo que analiza críticamente el artificio teórico que apuntala el modelo de vida capitalista, y por tanto ecocida y patriarcal; una corriente que denuncia los riesgos a los que somete a las personas y al resto del mundo vivo y propone miradas alternativas para poder revertir esta guerra contra la vida.

 El ecofeminismo, un 'nuevo término para designar un saber antiguo', se desarrolló a partir de diversos movimientos sociales --los movimientos feminista, pacifista y ecologista-- a finales de los años 70 y principios de los 80. Aunque la primera que utilizó el término fue Françoise d'Eaubonne, éste sólo se popularizó en el contexto de las numerosas protestas y actividades contra la destrucción del medio ambiente, iniciadas por la chispa de los repetidos desastres ecológicos. De la introducción de "Ecofeminismo". Maria Mies y Vandana Shiva, 1993.

El ecofeminismo socialista, reconoce que la destrucción ambiental afecta en especial a las mujeres y al conjunto de las poblaciones pobres de los países del “Tercer Mundo” y aúna los temas claves de la política transformadora. Por un lado, está la tarea de llegar a una sociedad y a una cultura que sean realmente igualitarias; una sociedad y una cultura que no sean  androcéntricas; una sociedad y una cultura para salir de una crisis ecológica y social que ha generado el actual modo de producción; detener la cuenta atrás del cambio climático y de la destrucción de la biodiversidad.

Un ecofeminismo socialista es el que mantiene que los problemas medioambientales son inherente al capitalismo que justifica la explotación de la naturaleza para un supuesto progreso concebido como crecimiento económico. Según  las ecofeministas socialistas el objetivo es una sociedad socialista en donde exista una relación de igualdad entre los géneros, que garantice una buena calidad de vida para todos y todas  basada en un nuevo metabolismo entre el hombre y la naturaleza (K. Marx).

Feminismo y ecologismo serán dos movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero porque, adquirida la autoconciencia como colectivo y la formación necesarias ya no es posible detenernos (aunque se puede siempre retrasar la llegada a las metas emancipatorias con diversas estrategias); el segundo por la cada vez más evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecno-económico… Alicia H. Puleo. El Ecologista (número 31, verano del 2002).

El proyecto de sociedad al que aspira el ecofeminismo es ir avanzando hasta conseguir un sistema social donde hombres, mujeres y naturaleza no se vean sometidas a las prácticas de explotación y dominio del capital. Ambiciosa tarea.

Diciembre 20202. Conil de la Frontera

José Ramón Mendoza.

Entrevista a Yayo Herrero sobre ecofeminismo: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=8386

 

 

 

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