Del escrito anterior podía
deducirse la idea de que centraba toda, o al menos la mayoría de la
responsabilidad del fracaso de la investidura de Pedro Sánchez en Unidas
Podemos. Nada más lejos de mi intención y sí así fue entendido por alguien le
pido disculpas por no haber sabido expresarme con claridad. Sí me centré en
Unidas Podemos y, más específicamente en su equipo negociador, fue porque son
los míos y por ello me preocupó y me preocupa como actúen en cada momento,
tanto o más de lo que hagan los otros.
Dejemos pues las cosas claras. Sí
Unidas Podemos y quienes la representaron en las negociaciones para la
investidura de Pedro Sánchez tuvieron una parte importante de responsabilidad
en que sigamos sin gobierno, la mayor responsabilidad corresponde al mismo
candidato y al grupo político al que pertenece.
El Partido Socialista ganó las
elecciones del 28 de abril y, como consecuencia Pedro Sánchez fue propuesto
como candidato a la Presidencia por el Jefe del Estado; candidatura que, para convertirse
en Presidencia de Gobierno debe conseguir la confianza del Congreso, mayoría
absoluta en primera votación, o simplemente en la segunda un voto más de diputados
que se la otorguen que de diputados que la rechacen. Apoyos que, tanto para
lograr la mayoría absoluta, como para alcanzar la simple, tiene que
conseguirlos mediante acuerdos con otros grupos; acuerdos que pueden ser
programáticos o de gobierno de coalición. Apoyos que hay que trabajárselos para
conseguir esa mayoría.
Mayoría parlamentaria que existe,
sino absoluta, sí para conformar un gobierno, ya sea de coalición o en
solitario, al estilo de Portugal, en base a un programa previamente
consensuado; es fácil sacar las cuentas, pero eso sí hay que conformarla y
mantenerla y lograrla es responsabilidad del candidato a Presidente de
Gobierno.
Lo que no es de recibo, por no
decir que resulta ridículo, es que el candidato a la presidencia de gobierno
que, lógicamente y así lo expresa la constitución, tiene que ofrecer un
programa a los diputados, pida a la oposición que le favorezca la candidatura.
La labor de la oposición es oponerse. Hablar de que la responsabilidad de la
oposición es la favorecer la investidura, por muy inviable que pueda haber un
candidato diferente a Pedro Sánchez, carece de toda lógica ya que, precisamente
la obligación política de esos grupos es la de impedir la investidura del grupo
contrario.
Sin embargo, durante estos meses
el candidato se ha dedicado a marear la perdiz, en un intento que ha resultado
vano de que Unidas Podemos, su “socio preferente”, cediera a un gobierno
monocolor cuando tenía todo el derecho a pedir su presencia en un gobierno de
coalición; otra cosa es que sus negociadores y el propio Pablo Iglesias
tensaran tanto la cuerda que rompieron el arco.
Está claro, siempre lo ha estado,
que el PSOE nunca querido conformar un gobierno del que formen parte personas
de grupos políticos situados a su izquierda. Es más un objetivo de este partido
ser el único situado a la izquierda del resto del arco parlamentario y así, no
tener ningún problema para ocupar el lugar que siempre ha ocupado que no es
otro que el de centro- izquierda. Y para eso siempre ha hecho todo lo posible
para debilitar hasta el máximo a las fuerzas a su izquierda, primero al Partido
Comunista, después de Izquierda Unida y ahora a Unidas-Podemos; algo que por
suerte para las clases trabajadoras de este país no ha conseguido.
Queda tiempo hasta septiembre
para que el candidato cumpla con su obligación para, que en base a una opción
programática, construya una mayoría parlamentaria que posibilite su investidura
y, como hemos dicho más arriba esa mayoría existe aunque Sánchez, como
principal responsable, e Iglesias como responsable “subsidiario” no hayan sido
capaces de armarla. Queda tiempo para ello ¿querrá el candidato ponerse a la
labor?
Tiene que hacerlo porque se corre
un riesgo muy grande para las clases populares y es que el votante de la
izquierda, el que votó al PSOE o el que votó a Unidas Podemos, como consecuencia
de que unos y otros hayan dejado pasar
la ocasión de que exista un gobierno de
NO DERECHAS, se desmovilice de tal manera que volvamos a las políticas
de los recortes y las privatizaciones.
¿Piensan los señores Sánchez e
Iglesias que con su actuación durante estos meses el electorado no les va a
pasar factura a ambos? ¿Considera Sánchez que no le van a considerar el
principal responsable de tener que volver a las urnas en septiembre? Sí es así
no sólo está cometiendo un profundo error, no sólo está traicionando a sus
votantes, si no que también está poniendo el peligro el futuro de este país entregándoselo
a los amigos de VOX.
Existen opciones y Portugal lo
está demostrando.
José Ramón Mendoza
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